El país incomprensible

por Rafael Cardona

Uno quisiera la inteligencia de Marcel Schwob o por lo menos de William Faulkner para entender cómo funcionan algunas cosas en el país. Me refiero a esa colección de actitudes públicas desde el gobierno nacional, cuya capacidad de enredo y contradicción no tiene límites.

Veamos algunos ejemplos.

Durante meses nos dijeron, con timbres de epopeya ideológica, cómo nos vendrían a auxiliar durante la epidemia los médicos cubanos. Cientos de ellos, porque a lo visto en nuestros tiempos, Cuba ya no exporta rumberas y peloteros, sino médicos. Además de “El yerberito”.

Médicos tan buenos como para trabajar a oscuras y sin el auxilio de los antibióticos imperialistas, productos todos ellos del neoliberalismo científico, incapaz de reconocer la bondad y mágicos propiedades del veneno del alacrán para curar el cáncer

Y es cierto, no se conoce un sólo arácnido canceroso o con linfoma. Así pues, nos mandaron a 500 médicos quienes (no se sabe el costo) llegaron en diciembre.

Pero en el mes de julio, el último grupo de ellos regresó a la isla, donde semanas atrás los inconformes por la deprimente vida cubana, salieron a las calles a protestar por la falta de medicamentos y la mala calidad de los servicios sanitarios.

Pero el régimen de allá, como el de acá, presumía con timbres de orgullo la medicina cubana. Superior a la danesa.

—¿Qué hicieron aquí, además de propaganda? Nada.

Y el caso nos lleva a otra de las incógnitas nacionales: ¿Si el presidente de la República se niega a usar un avión para sus traslados, como es posible la frecuencia de vuelos de nuestros aviones para servicios ajenos al gobierno?

No se puede tener un gobierno rico con un pueblo pobre, dice el Evangelio según San Andrés, pero si el régimen ya no ostenta la riqueza de un “Dreamliner” para la presidencia, ¿por qué se usan aviones para cualquier cosa; ¿ya sea traer las cenizas de José José o al fugitivo cocalero boliviano, Evo Morales o transportar a los doctores cubanos?

¿Cuál es la diferencia?

Y ya no hablemos de las “Aerovías Marcelo”, con las cuales nuestro ubicuo canciller superó a Marco Polo con sus frecuentes viajes a la China inmemorial para cosas tan incomprensibles como venderles cubrebocas y equipo sanitario a los mandarines, para después recomprarlos con un notable sobreprecio. Esos negocios, ni Interjet.

Y otra cosa: ¿Para quién es el Hospital Central Militar?

Pero Grullo diría, para los soldados y los oficiales.

Pues no, es hasta para los narcotraficantes y delincuentes más feroces de la historia. Lea usted esta nota:

“(AN) Mario Casarrubias Salgado, líder de Guerreros Unidos y vinculado a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, falleció este domingo 25 de julio a las 08:42 horas por un paro cardiorrespiratorio y neumonía que causó la Covid-19.

“Se encontraba privado de la libertad en el Centro Federal de Readaptación Social Número 1 “El Altiplano”. A petición del interno, el 8 de julio fue trasladado del Centro Médico “Adolfo López Mateos” en Toluca, Estado de México, al Hospital Central Militar ubicado en la Ciudad de México, informó la Comisión Presidencial para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa”.

Lo bueno es esto: por fin se le conoce alguna utilidad a la Comisión Presidencial para la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa. Pero si ustedes van al Hospital Militar, no lo van a dejar ni entrar.

Total, si Encinas no llega a la verdad, por lo menos trata bien a los delincuentes enfermos. ¡Cuánta piedad, cuánta humanidad!

RENE

Impresionante el Pleno de San Lázaro con sus lutos y sus paños negros. Muerto, René Juárez logró algo a veces hecho durante su vida: unificar a los diputados. Todos en reconocimiento de su talento político.

Desde la muerte del senador Alonso Lujambio no se miraba una emotividad así.

 

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