Los paisajes de Roberto Zempoalteca, símbolo de la identidad tlaxcalteca

ALEJANDRO MUÑOZ

Reconocido como un pintor prominente, por los artistas de Tlaxcala y de los coleccionistas de arte, Roberto Zempoalteca Pérez, es uno de los grandes artistas que forman parte del colectivo Jardín del Arte de Tlaxcala, sabe plasmar en el lienzo la belleza del paisaje tlaxcalteca, otorgándole un lugar dentro de la plástica nacional.

Roberto Zempoalteca Pérez nació en San Sebastián Atlahapa, Tlaxcala, Tlaxcala, el 12 de octubre de 1970 hijo de Trinidad Zempoalteca Coyotzi y Victoria Pérez Cuapio.

Zempoalteca es un pintor autodidacta que comenzó su camino en el amor al arte y en especial al paisajismo cuando su señor padre lo llevo a la Ciudad de México al Museo Nacional de Arte a la edad de 14 años, en donde tuvo su primer encuentro con la obra de José María Velasco y de Eugenio Landesio quienes son su inspiración en el quehacer artístico desde su tierra que lo vio nacer.

Imbuido de las enseñanzas de “sus maestros” Landesio y Velasco expuso su obra en el Jardín del Arte Bosque de Tlalpan, donde como pintor pudo dar a conocer su obra a coleccionistas del país y extranjeros.

Con su extraordinaria producción artística, Zempoalteca hizo realidad su sueño de lograr que su pintura paisajista alcanzara el reconocimiento de otros artistas, así como del público que conoce su obra. Poniendo a Tlaxcala como un referente en el paisaje nacional del ámbito cultural. Entre sus obras destacan: La Malintzi, el Cuatlapanga, el Popocatepetl, el Iztaccihuatl y personajes campiranos que son estampas que se han ido y no volverán, en un momento en que la mancha urbana se come ferozmente las áreas naturales y la vida de aquellos años del siglo XX.

Zempoalteca es uno de los artistas mexicanos que no se queda conforme y busca el conocimiento, dentro de esta búsqueda tomo un curso de perspectiva en la Universidad del Claustro de Sor Juana en la Ciudad de México, en una época en la que gracias a su misma pintura pudo ampliar sus conocimientos, en donde fue reconocido como un creador y que su obra transmite emociones y sentimientos por nuestro paisaje nacional. Entre las distinciones que ha recibió destacan el segundo lugar en un concurso de Jardines del Arte a Nivel Nacional y que tuvo el privilegio de que su obra fuera la imagen de un billete de la Lotería Nacional, así como diversas exposiciones locales y nacionales.

Cabe destacar que las contribuciones de Zempoalteca al arte nacional no sólo se dan en el género del paisaje y en sus panorámicas del Valle de Tlaxcala, también es un hombre interesado en los movimientos artísticos locales y en transmitir su experiencia a los artistas emergentes del estado y a quien se acerque a conocer su experiencia en Jardines del Arte y de cómo a pesar de dificultades económicas y sociales, con el apoyo de su familia emigro a la Ciudad de México en donde a pulso de su pincelada se abrió paso en el medio pictórico y que le nutrió de conocimiento no solo en el caballete, también en la vida que como lo expresa el maestro, tenemos que superarnos y escuchar con atención toda la critica que reciba la obra pictórica, porque de todos se aprende.

En sus primeras exposiciones, el maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin, expresó acerca de la obra de Zempoalteca: “El equilibrio, la sobriedad de su color eran algo que disfrutaba cuando estaba frente a la obra del maestro. Y es que los ritmos austeros recuerdan la precisión de ciertos poemas mexicanos. Si Zempoalteca hubiera sido poeta, su forma predilecta habría sido el enamoramiento por las artes. Sus paisajes poseen el mismo rigor, un camino desolado y nítido con un personaje de esa suave patria…

Como Velasco, logra recrear el paisaje de México sin ninguna concesión, sin ningún adjetivo. No necesita vestir las estampas de lo que pinta con atavíos más o menos regionales para expresar que este paisaje colorido, más alegre que desolado, sólo pertenece a México.

La obra de este pintor paisajista-costumbrista: “El azul del cielo de Tlaxcala tiene una pureza de esmalte, las nubes que en el cielo navegan, una consistencia de mármol, los crepúsculos alcanzan variedades increíbles, pero raramente y sólo por excepción surgen colores inesperados. Aún entonces, una cortina de polvo finísimo atenúa los colores que de otro modo serían demasiado cálidos. Esa cortina de polvo se formó, silenciosa e insensiblemente, en la laguna de las aguas nacionales de Acuitlapilco.

La sed, la necesidad de horizontes vastos y la convivencia constante con la grandeza y con la sencillez hacen de este artista un guía espiritual y moral que, en nuestros tiempos, tan socorridos por las diversas variedades de la cursilería, se vuelve imprescindible, Zempoalteca es, por todo esto, uno de los paisajistas costumbristas del espacio pictórico mexicano en especial tlaxcalteca.

“Seguir pintando, eso es todo lo que necesita un pintor para vivir la aventura del arte”

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