Fabiola Márquez
Carlos Augusto Pérez Hernández admite que estaba tomando un rumbo político equivocado tras versiones que lo vinculaban con Fuerza por México y ahora manifiesta su respaldo a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, en medio de cuestionamientos por la congruencia y el uso político de cargos públicos.
El titular del Fondo Macro para el Desarrollo Integral de Tlaxcala (Fomtlax), Carlos Augusto Pérez Hernández, reconoció públicamente que su trayectoria política reciente lo había colocado en una ruta equivocada, luego de que trascendiera su presunto acercamiento con Fuerza por México, un partido que en el pasado buscó capitalizar descontentos locales sin lograr consolidarse. El funcionario sostuvo que ese episodio representó un error de cálculo político del cual hoy intenta deslindarse.
El reconocimiento, lejos de disipar las dudas, reaviva el debate sobre la coherencia política de quienes ocupan cargos públicos estratégicos. Carlos Augusto no sólo es un actor político, sino un funcionario responsable de una dependencia que maneja recursos destinados al desarrollo económico, lo que vuelve especialmente sensible cualquier manifestación de respaldo partidista.
El giro hacia Morena y el apoyo explícito a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera ocurre en un momento clave de reconfiguración interna, cuando distintos perfiles buscan legitimarse y alinearse con figuras de mayor peso político. Para críticos y analistas, el cambio de postura parece responder más a una lectura pragmática del escenario que a una convicción ideológica sostenida.
Aunque el titular de Fomtlax insiste en que su respaldo es de carácter personal, el contexto político vuelve inevitable la sospecha de que estos posicionamientos se dan desde una posición de poder institucional, lo que pone en entredicho la frontera entre la función pública y la militancia partidista.
El caso evidencia una práctica recurrente en la política local: los ajustes de discurso y lealtades conforme se mueven las correlaciones de poder. En este escenario, el deslinde de Fuerza por México y la adhesión a Morena se interpretan como una maniobra para no quedar al margen del proyecto dominante en el estado.
Más allá de las explicaciones, el episodio deja abierta una exigencia clara mayor prudencia, congruencia y responsabilidad ética en el ejercicio del cargo público.
Finalmente, en tiempos de definiciones políticas, los virajes no sólo se justifican; también se observan, se cuestionan y se juzgan desde la opinión pública.













