Fabiola Márquez
En el arranque adelantado de la carrera por la gubernatura de Tlaxcala para el 2027 , las encuestas se han convertido en una herramienta de posicionamiento político más que en un reflejo real del ánimo ciudadano.
En las últimas semanas, diversas mediciones difundidas en redes sociales han buscado proyectar al presidente municipal de Tlaxcala capital, Alfonso Sánchez García, como un aspirante competitivo rumbo a 2027, aunque los números que se le atribuyen contrastan de forma evidente con otros ejercicios demoscópicos que circulan en el ámbito político.
Mientras en redes aparecen gráficas que colocan a Sánchez García con porcentajes elevados e incluso disputando el primer lugar, otras encuestas ampliamente conocidas dentro del análisis político local muestran un escenario distinto, donde la senadora Ana Lilia Rivera Rivera encabeza las preferencias con una ventaja considerable frente a otros perfiles.
En estos ejercicios comparativos, Ana Lilia Rivera aparece de manera consistente como la figura mejor posicionada, no solo por su nivel de conocimiento estatal, sino por su trayectoria legislativa y su presencia constante en la agenda política nacional y local. Muy por debajo de ella se ubican otros nombres que también han manifestado interés en la gubernatura, como Josefina Rodríguez Zamora, quien aparece con niveles de preferencia más moderados y sin crecimiento acelerado.
Es precisamente en este contraste donde las encuestas que favorecen a Alfonso Sánchez García llaman la atención, pues lo colocan en un nivel que no coincide con el resto de mediciones ni con su alcance político actual, aún concentrado principalmente en la capital del estado. Esta discrepancia ha generado lecturas entre actores políticos que interpretan estas gráficas como parte de una estrategia de posicionamiento mediático anticipado, más orientada a construir narrativa que a reflejar respaldo real.
El fenómeno no es nuevo en Tlaxcala: las llamadas “encuestas de redes” suelen utilizarse para inflar aspiraciones, generar conversación pública y enviar mensajes al interior de los partidos, especialmente en Morena, donde la definición de candidaturas suele estar precedida por una intensa batalla de percepción.
En el comparativo general, el escenario es claro: Ana Lilia Rivera Rivera mantiene una ventaja amplia y sostenida.
Josefina Rodríguez Zamora aparece como un perfil secundario, sin repunte significativo.
Alfonso Sánchez García es impulsado principalmente a través de encuestas difundidas en redes sociales, con cifras que no coinciden con el resto de mediciones conocidas.
Este contexto evidencia que, rumbo a 2027, la contienda no solo se libra en territorio y estructuras políticas, sino también en el terreno de la narrativa y la percepción, donde las encuestas infladas buscan adelantar candidaturas que aún no logran consolidarse en el ánimo ciudadano.
Más allá de los números que circulan en internet, el reto para la ciudadanía será distinguir entre ejercicios que reflejan tendencias reales y aquellos diseñados para inflar aspiraciones personales, en un proceso que apenas comienza, pero que ya muestra signos claros de simulación política.













