Fabiola Márquez
En el municipio de Apetatitlán, varias bardas amanecieron con mensajes que no pasan desapercibidos: “Va con él”, acompañados de un corazón. Todo apunta a Alfonso Sánchez García, perfilado como posible aspirante a la gubernatura de 2027. Sin embargo, lo que parece un gesto espontáneo de apoyo ciudadano deja entrever algo mucho más calculado.
Lo sorprendente de estas pintas no es solo el mensaje, sino la sensación que generan: pareciera que la ciudadanía ya tomó partido antes de que siquiera existan campañas formales. La curiosidad de quienes transitan por la zona es evidente; muchos se detienen a observar las bardas, preguntándose si estas expresiones reflejan un respaldo real o simplemente forman parte de una estrategia cuidadosamente diseñada para simular apoyo masivo.
Hasta ahora, Sánchez García no se ha pronunciado sobre las pintas, pero el tema ya circula con fuerza tanto en las calles como en redes sociales. Entre vecinos y usuarios, los comentarios oscilan entre la sorpresa, la admiración y el escepticismo. Lo que queda claro es que, incluso antes del inicio formal del proceso electoral, alguien ya intenta moldear la percepción pública, posicionando a un aspirante como favorito y generando la sensación de que “la elección ya tiene dueño”.
Este tipo de acciones no son inéditas en la política local: la estrategia de proyectar apoyo popular antes de tiempo busca sembrar la idea de inevitabilidad, de que una candidatura tiene respaldo ciudadano masivo, cuando en realidad aún se encuentra en etapa de exploración o precampaña.
La línea entre expresión ciudadana y manipulación mediática se vuelve difusa, y la ciudadanía queda atrapada entre la sorpresa y la duda: ¿están las bardas hablando por la gente o por intereses políticos que buscan adelantarse a la contienda?
La situación también pone sobre la mesa un cuestionamiento sobre transparencia y ética en la política , la contienda rumbo a 2027 podría estar arrancando de manera anticipada, pero con tácticas que buscan influir en la percepción pública antes de que los aspirantes presenten propuestas claras o se enfrenten a un proceso electoral formal.
Finalmente, Apetatitlán se convierte en un escenario donde la línea entre el respaldo genuino y la estrategia de imagen se difumina, y donde el verdadero pulso ciudadano aún está por descubrirse.












