Por Fabiola Márquez
La depresión, la ansiedad y el consumo desmedido de sustancias han dejado de ser problemas aislados para convertirse en una emergencia de salud pública en Tlaxcala. Con cifras de ideación suicida al alza y una infraestructura de atención que lucha por no verse rebasada, el estado enfrenta el reto de romper el estigma y sanar las heridas emocionales que hoy empujan a cientos de personas al límite.
Tlaxcala enfrenta una crisis silenciosa que no siempre se percibe en las calles, pero que se vive todos los días en los hogares, en las escuelas, en los centros de trabajo y, sobre todo, en la mente de miles de personas. La depresión, la ansiedad, el consumo de alcohol y drogas, así como las conductas suicidas, se han convertido en problemáticas profundamente interconectadas que afectan a niñas, niños, jóvenes y adultos.
Aunque en muchos casos estas situaciones se viven en silencio, envueltas en estigmas sociales y miedo al señalamiento, sus consecuencias son cada vez más visibles: familias fracturadas, abandono escolar, violencia intrafamiliar, pérdida de empleo, deterioro de la salud física y mental y, en los escenarios más extremos, la pérdida de la vida.

El clima emocional de Tlaxcala: estrés, frustración y desgaste social
Especialistas en salud mental coinciden en que Tlaxcala atraviesa un clima emocional marcado por el estrés crónico, la frustración y la desesperanza. La precariedad laboral, la inseguridad económica, la presión social, la violencia cotidiana, el consumo normalizado de alcohol y la limitada disponibilidad de atención psicológica accesible han creado un entorno propicio para el deterioro emocional.
Este desgaste impacta con mayor fuerza a jóvenes y mujeres, quienes enfrentan ansiedad constante, sobrecarga emocional, conflictos de identidad y pocas herramientas para gestionar sus emociones. En este contexto, el alcohol y las drogas suelen aparecer como una “salida rápida” al malestar emocional, cuando en realidad profundizan el daño y generan círculos de dependencia, conflicto y exclusión social.
Alcoholismo y drogas: una puerta falsa para escapar del dolor
En Tlaxcala, el consumo de alcohol continúa siendo socialmente aceptado e incluso minimizado, pese a ser una de las sustancias que más daño provoca a nivel físico, emocional y social. El alcoholismo no distingue edades ni clases sociales y suele iniciar desde la adolescencia, normalizado en fiestas, reuniones familiares y espacios de convivencia cotidiana.
El consumo de drogas ilegales, aunque menos visible, también muestra un crecimiento sostenido, especialmente entre jóvenes que buscan pertenencia, aceptación o una forma de anestesiar emociones como la tristeza, la ira, la frustración o el vacío emocional.
Testimonio de Tony Moreno: del exceso a la recuperación
Tony Moreno es uno de los muchos rostros detrás de esta crisis. Su historia ilustra cómo las adicciones rara vez son el problema inicial, sino la consecuencia de un profundo deterioro emocional no atendido.
“Empecé a hacer ejercicio cuando ya estaba cansado de la vida que llevaba. Vivía entre alcohol, drogas y excesos. Desde los 15 años fui internado varias veces en anexos porque no podía dejar de consumir. Pensar en una vida saludable era algo lejísimo; venía de la guerra.
Consumí de todo, pero el alcohol fue lo más difícil. Una cerveza bastaba para perder el control durante días o semanas. Eso destruyó mis relaciones: mis padres, mis hijas, mi familia me veían llegar golpeado, perdido. El alcoholismo es una enfermedad progresiva y mortal; si no tomo mi tratamiento diario, sé que puedo recaer.
Lo más duro era pelear conmigo mismo: la frustración, la ansiedad, el vacío. Tuve que cambiar todo, incluso a mis amigos. Hoy llevo ocho años sin consumir y cinco años entrenando. El ejercicio y el grupo de apoyo me salvaron la vida. La recuperación es diaria, no es fácil, pero sí es posible”, mencionó
Su testimonio evidencia una realidad compartida por cientos de personas en el estado: el consumo suele ser un síntoma de problemas emocionales ignorados durante años.
Depresión y ansiedad: el origen invisible
La depresión y la ansiedad son detonantes clave del consumo de sustancias y de las conductas suicidas. Muchas personas viven durante años con síntomas sin diagnóstico ni tratamiento: insomnio, irritabilidad, agotamiento extremo, ataques de pánico, tristeza persistente, aislamiento social o pensamientos suicidas.
La falta de atención oportuna provoca que estas condiciones se agraven y deriven en adicciones, conductas de riesgo y rupturas familiares. En Tlaxcala, el acceso a servicios de salud mental continúa siendo limitado, particularmente en comunidades rurales y zonas marginadas.
Suicidio: el punto de quiebre
Cuando la depresión, la ansiedad y las adicciones convergen, el riesgo de suicidio se incrementa de manera considerable. En la mayoría de los casos, las personas que atentan contra su vida habían mostrado señales previas: consumo excesivo de alcohol, aislamiento, cambios drásticos de conducta, abandono de actividades y expresiones reiteradas de desesperanza.
Un caso reciente ocurrió en el municipio de Ixtacuixtla, donde una mujer se arrojó desde un puente sobre la autopista Tlaxcala–San Martín Texmelucan, en la comunidad de San Gabriel Popocatla. Fue auxiliada por automovilistas y trasladada de urgencia a un hospital. El hecho volvió a encender las alertas sobre la gravedad de la crisis de salud mental en la entidad.
Las cifras en Tlaxcala: una alerta que crece
Aunque Tlaxcala registra una de las tasas más bajas de suicidio a nivel nacional, los datos oficiales muestran una tendencia preocupante. De acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal, hasta la semana epidemiológica 35 de 2025 se documentaron 16 intentos de suicidio, de los cuales 13 correspondieron a mujeres.
Además, se identificaron 12 casos de ideación suicida, 53 envenenamientos autoinfligidos por analgésicos, 11 por psicotrópicos, así como lesiones por ahorcamiento, disparos de arma de fuego, objetos cortantes y saltos desde lugares elevados.
En total, durante 2025, Tlaxcala acumuló 50 casos vinculados a conductas suicidas, cifra superior a la registrada en 2024. En el mismo periodo se contabilizaron 831 casos de depresión, de los cuales 642 correspondieron a mujeres, lo que confirma una mayor carga emocional y de riesgo en este sector.
Contexto nacional: ENCODAT 2025
A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 confirma que el consumo de sustancias y los problemas de salud mental siguen siendo fenómenos complejos y estrechamente ligados a las condiciones sociales.
En comparación con la ENCODAT 2016, se identifican nuevas alertas, particularmente entre adolescentes y mujeres, donde aumentaron los niveles de ansiedad, depresión y consumo de alcohol como mecanismo de evasión emocional. El inicio temprano del consumo continúa siendo un factor de alto riesgo para el desarrollo de adicciones severas.
La Clínica de Emociones y las respuestas institucionales
Ante este panorama, el Gobierno del Estado inauguró la Clínica de Emociones el pasado 13 de noviembre de 2023, encabezada por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. Aunque el SEDIF ya brindaba atención psicológica, la clínica busca ampliar los servicios mediante un enfoque multidisciplinario que incluye psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y consejeros.
Sin embargo, especialistas advierten que la infraestructura y el personal siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema.
Educación y atención emergente: una estrategia limitada
Pese a reconocer la creciente crisis de salud mental en niñas, niños y adolescentes, la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE) anunció la creación de brigadas de atención emergente. No obstante, la propia autoridad admitió que la estrategia es limitada.
El titular de la SEPE, Homero Meneses Hernández, informó que se conformarán ocho brigadas de 50 personas cada una; sin embargo, solo 40 profesionales se encuentran en proceso de contratación y aún deberán ser capacitados, lo que retrasará su operación hasta marzo o abril.
El funcionario reconoció que estas brigadas deberán atender a cerca de 300 mil estudiantes, por lo que únicamente podrán intervenir en casos considerados “emergentes”, dejando sin atención preventiva y permanente a la mayoría de la población estudiantil.
La estrategia se apoyará en 38 clínicas de emociones municipales y dos estatales, infraestructura que también ha sido cuestionada por su capacidad limitada, funcionamiento desigual y falta de personal especializado.
Prevención y esperanza
Especialistas coinciden en que la prevención real debe comenzar desde la educación emocional, la detección temprana, el fortalecimiento de redes comunitarias, el acceso efectivo a servicios de salud mental y la eliminación del estigma.
Historias como la de Tony Moreno demuestran que la recuperación es posible, pero requiere acompañamiento constante, políticas públicas sólidas y una atención que vaya más allá de la reacción ante la emergencia.
Tlaxcala enfrenta un reto urgente: atender la salud emocional de su población antes de que el silencio, la adicción y la desesperanza sigan cobrando vidas.













