Fabiola Márquez
Después de que padres de familia llevaran su inconformidad hasta la protesta y la presunta retención de funcionarios, el secretario de Educación Pública del Estado, Homero Meneses Hernández, optó por blindarse en el discurso legal, minimizar los hechos y ratificar una decisión que calificó como inamovible, aun cuando el conflicto ya escaló al frente del Palacio de Gobierno.
En entrevista, el funcionario evitó llamar a las cosas por su nombre.
Aunque negó haber sido retenido formalmente, reconoció que no se les permitió salir en distintos momentos, situación que justificó como una expresión del cansancio, el calor y el enojo social, reduciendo horas de tensión y bloqueo a simples “excesos verbales”.
Meneses Hernández volvió a refugiarse en el argumento del interés superior de la niñez, pero sin explicar de forma clara cómo se garantiza dicho interés cuando las decisiones se toman sin acuerdos, sin condiciones previas y sin soluciones completas.
La frase, repetida como consigna, terminó por convertirse en un escudo político frente a un reclamo social que exige algo más que discursos.Aunque aceptó que su determinación tiene costos políticos, dejó claro que no habrá reversa, confirmando lo que los padres de familia ya denunciaban: no hay diálogo real, sólo notificación de decisiones ya tomadas.
El titular de la SEPE abrió la puerta únicamente a negociar aspectos secundarios transporte, clausuras, senderos seguros o continuidad de docentes mientras el fondo del problema permanece cerrado.
Para los inconformes, esta postura simula apertura, pero mantiene intacta la imposición.
En los hechos, la autoridad decide primero y explica después, aun cuando la explicación llegue tras bloqueos, protestas y desgaste social.Lejos de asumir responsabilidades, Meneses Hernández deslizó la idea de que el conflicto podría tener tintes políticos o de presión electoral, insinuación que sin pruebas descalifica la inconformidad ciudadana y coloca a los padres de familia bajo sospecha, en lugar de atender de raíz el problema.
El mensaje fue claro: si hay protesta, hay intereses ocultos. Una narrativa que históricamente ha servido para desactivar reclamos legítimos sin resolverlos.Del “lado del pueblo”… desde el poder.
El secretario insistió en presentarse como un funcionario cercano al pueblo, apelando a su origen y trayectoria personal. Sin embargo, la realidad mostró a una autoridad cercada por ciudadanos inconformes, obligada a explicar su decisión solo después de que el conflicto estallara.
La escena es reveladora: padres de familia protestando por la seguridad de sus hijos, funcionarios justificándose y una decisión que no se mueve ni un centímetro.
Lo ocurrido deja al descubierto una crisis educativa y social mal administrada.













