RESCATE DEL ZAHUAPAN-ATOYAC: UN CAMBIO DE VISIÓN
LOURDES ROMERO
Durante años, la contaminación del río Zahuapan-Atoyac fue un problema que se diagnosticaba, se lamentaba y se posponía en Tlaxcala. Informes iban y venían, compromisos se acumulaban, pero el fondo del problema —las descargas directas, la falta de infraestructura y la ausencia de coordinación— permanecía.
Hoy, el panorama comienza a cambiar, porque el gobierno que encabeza Lorena Cuéllar ha decidido atender la problemática desde su origen: las descargas contaminantes y la carencia histórica de plantas de tratamiento funcionales.
Esa diferencia de enfoque ha sido determinante para que el proyecto de saneamiento de la Cuenca Atoyac no sea una promesa, sino una política pública, que ahora, además, es respaldada por el Gobierno de México.
La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tlaxco, en la que estuvo acompañada por la mandataria estatal, fue una supervisión de avances en infraestructura estratégica, no un acto protocolario. Y la visión de las autoridades es tan clara como coincidente: sanear el agua y, al mismo tiempo, recuperar el entorno social.
Hay un compromiso presidencial, el número 92 orientado al rescate de los tres ríos más contaminados del país -entre ellos el Atoyac-, y en ese marco fue que constató el progreso en la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Tlaxco.
Lo interesante de esta obra, iniciada en septiembre de 2025 y con conclusión prevista para finales de 2026, es que sigue el modelo exitoso de la PTAR Tlaxcala–Parque Federico Silva, que integra infraestructura ambiental con espacios públicos.
Con una inversión superior a 160 millones de pesos, la PTAR Tlaxco tendrá capacidad para tratar 40 litros por segundo y beneficiará a 28 mil 800 habitantes.
Sin embargo, este esfuerzo no es aislado. La jefa del Ejecutiva federal también supervisó la planta de Acopinalco del Peñón, en la que se invierten 18.47 millones de pesos, que tendrá una capacidad de 5 litros por segundo, en beneficio de 3 mil 744 habitantes, así como la PTAR Tecomalucan, con inversión de 29 millones de pesos y capacidad de 10 litros por segundo para atender a 6 mil 840 personas.
Esto significa que la recuperación del Zahuapan es planeada, no improvisada; que atiende las causas de su situación, sin simulación. Y el dato más revelador es, precisamente, el de los colectores.
De acuerdo a las autoridades, la inversión federal en saneamiento y restauración del río Atoyac en Tlaxco, que asciende a 309 millones de pesos, incluye la construcción de 13 kilómetros de infraestructura que eliminarán 307 descargas —20 municipales y el resto domiciliarias—.
Es ahí donde radica el cambio en la recuperación del río, al cortar el flujo de contaminación desde la fuente. Y este trabajo coordinado con la Comisión Nacional del Agua y las autoridades estatales y municipales demuestra que, con planeación técnica y voluntad, los resultados son posibles.
Ciertamente, el rescate del Zahuapan-Atoyac no será inmediato ni sencillo. Hablamos de años de deterioro acumulado.
Pero en este momento existe algo que antes no: una ruta clara, recursos comprometidos y supervisión directa de los avances.












