Aunque el amaranto ha sido catalogado como uno de los cultivos más nobles y nutritivos de México, los productores tlaxcaltecas enfrentan cada año una realidad adversa: bajos rendimientos, falta de insumos, desinterés institucional y un mercado que no garantiza estabilidad para sus familias.
En distintas regiones del estado, como Cuapiaxtla, Nativitas y Españita, los campesinos se esfuerzan por mantener viva una tradición agrícola que históricamente ha distinguido a Tlaxcala. Sin embargo, hoy las cifras muestran más retroceso que crecimiento.
🌱 Producción que sobrevive entre carencias
Datos recientes del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera señalan que Tlaxcala sembró poco más de mil cien hectáreas de amaranto, con una producción cercana a dos mil doscientas toneladas y un rendimiento promedio de 1.9 toneladas por hectárea.
A simple vista, las cifras parecen positivas; sin embargo, al mirar más de cerca la realidad de los productores, el panorama se ensombrece.
En municipios como Cuapiaxtla, donde se concentra gran parte de la siembra, los rendimientos en algunas parcelas apenas alcanzan 300 kilos por hectárea, una tercera parte del promedio estatal. Las causas son múltiples: falta de fertilizantes, semillas de calidad limitada, maquinaria obsoleta y una escasa asistencia técnica.
🌾 Falta de semilla y apoyos oportunos
Los campesinos señalan que uno de los principales obstáculos es la falta de semilla certificada y entregada a tiempo. Muchos productores deben esperar a que se les aprueben los apoyos gubernamentales cuando la temporada de siembra ya está avanzada, lo que afecta directamente la germinación y el rendimiento.
Algunos incluso conservan semilla del ciclo anterior, con menor calidad, por no tener acceso a nuevos lotes ni recursos para comprarlos.
A ello se suma que los programas de apoyo no siempre llegan a los productores más pequeños, y cuando lo hacen, no hay continuidad ni seguimiento técnico.
💧 Problemas de infraestructura y clima impredecible
El campo tlaxcalteca también resiente la falta de infraestructura básica, desde caminos de acceso en mal estado hasta sistemas de riego insuficientes. En muchas comunidades, la siembra depende por completo de las lluvias, lo que hace al amaranto vulnerable ante periodos de sequía o heladas tardías.
En años recientes, eventos climáticos como la llamada “helada negra” afectaron severamente cultivos en el oriente del estado, provocando pérdidas totales para numerosos productores.
💼 Un mercado incierto y poco rentable
Aun cuando el amaranto tlaxcalteca goza de reconocimiento por su calidad, los campesinos aseguran que no existe un mercado seguro ni precios fijos. La mayoría vende a intermediarios a precios bajos, y sólo unos cuantos logran transformar el grano en productos de mayor valor como harinas o dulces tradicionales.
“Producimos bien, pero vendemos mal”, lamenta uno de los agricultores consultados, quien explica que el esfuerzo de todo un ciclo de trabajo se ve reducido a una ganancia mínima al final de la temporada.
📉 Producción en riesgo y futuro incierto
Aunque Tlaxcala se mantiene entre los primeros lugares nacionales en producción de amaranto, la falta de inversión, capacitación y tecnología pone en riesgo la continuidad del cultivo.
Especialistas advierten que sin políticas públicas constantes y sin incentivos para la industrialización local, el amaranto podría pasar de ser una alternativa de desarrollo rural a un cultivo simbólico pero marginal.
“El campo no necesita discursos, necesita herramientas y compromiso”, coinciden los productores.
📰 Reflexión final
El amaranto representa no solo una herencia agrícola, sino también una oportunidad económica y alimentaria para Tlaxcala.
Sin embargo, las carencias estructurales, el abandono institucional y la falta de infraestructura continúan siendo los principales enemigos de este grano ancestral.
Mientras los apoyos llegan tarde o no llegan, los productores siguen sembrando con esperanza, sabiendo que cada espiga de amaranto es también un acto de resistencia en el campo tlaxcalteca.