Algo se movió este fin de semana en la política tlaxcalteca. No fue solamente la llegada de Alejandro Moreno Cárdenas y Jorge Romero Herrera; fue el mensaje que ambos dirigentes nacionales trajeron bajo el brazo. El PRI y el PAN saben que hoy Morena parte con ventaja en Tlaxcala, pero también saben que una elección no se gana únicamente con encuestas de intención de voto. Se gana con estructura, territorio, narrativa y, sobre todo, con capacidad para juntar los pedazos de una oposición que por separado difícilmente podría competir.
Alito Moreno llegó con una carta prácticamente descubierta: Anabell Ávalos. La presentó como la propuesta del PRI y dejó claro que el tricolor la considera una de sus principales cartas rumbo a la gubernatura. Pero hubo otra frase que quizá dijo entre líneas: el PRI está hablando con otras fuerzas políticas. Es decir, mientras públicamente el tricolor destapa a Anabell, en privado la verdadera jugada podría estar en cuánto vale esa candidatura frente a una eventual negociación opositora.
Y aquí aparece la primera paradoja: Moreno habla de acuerdos, pero no entrega Tlaxcala. La apuesta priista parece ser llegar a una eventual mesa de negociación con Anabell ya posicionada, con estructura y con el argumento de que es su carta fuerte. No se trata únicamente de levantar la mano por una candidatura; se trata de llegar con algo que negociar. Porque si PRI y PAN terminan sentándose frente a frente, la pregunta no será solamente quién tiene más posibilidades de ganar, sino quién encabeza y quién cede.
Del otro lado, Jorge Romero llegó con una actitud todavía más desafiante. El PAN prácticamente dejó de hablar en términos de posibilidad y comenzó a hablar en términos de victoria. En Totolac, el dirigente nacional entregó a Miriam Martínez el nombramiento que la coloca al frente de los trabajos panistas rumbo a 2027 y dejó claro que será ella quien encabece. El mensaje fue contundente: Acción Nacional ya tiene su apuesta y parece dispuesto a caminar con ella.
Pero precisamente ahí está la lectura interesante. ¿El PAN realmente cree que puede ganar Tlaxcala solo o está elevando el precio de su carta antes de sentarse a negociar? Porque una cosa es decir que Morena se llevará una sorpresa y otra muy distinta es construir una operación electoral capaz de quitarle el gobierno estatal al partido que hoy domina el escenario. Romero llegó con seguridad, pero el reto será convertir ese discurso en votos, estructura y presencia territorial.
Y aquí aparece un dato que puede cambiar la ecuación. Jorge Romero Herrera no descartó una alianza con el PRI rumbo al proceso electoral de 2026-2027, aunque aclaró que una eventual coalición dependerá de la realidad política de cada estado. Traducido al lenguaje electoral: la puerta no está cerrada, pero tampoco hay un acuerdo sobre la mesa.
Eso coloca a Tlaxcala frente a una posible negociación de dos cartas: Anabell Ávalos por el PRI y Miriam Martínez por el PAN. Dos candidatas, dos estructuras y dos partidos que, por ahora, parecen convencidos de que tienen con qué competir. La pregunta incómoda es qué ocurrirá cuando llegue el momento de decidir si ambas compiten por separado o si una termina respaldando a la otra.
Mientras tanto, Morena observa. Y quizá esa sea la parte que más incomoda a la oposición: no basta con señalar el desgaste del gobierno, cuestionar a sus aspirantes o presentar nuevas caras. Para tumbar a Morena en Tlaxcala se necesita algo mucho más grande que un discurso opositor. Se necesita romper una estructura electoral que, hasta ahora, sigue siendo considerablemente más amplia. Por eso las críticas de Alito y el triunfalismo panista pueden animar a sus militancias, pero todavía están lejos de convertirse, por sí solos, en una amenaza electoral.
Lo que dejaron las visitas de ambos dirigentes nacionales es un escenario abierto. El PRI salió a decir Anabell; el PAN salió a decir Miriam, pero al mismo tiempo dejó abierta la posibilidad de una alianza. Morena, mientras tanto, deberá resolver su propia sucesión y evitar que sus divisiones internas terminen convirtiéndose en el espacio que la oposición necesita.
Porque al final, la pregunta no es quién tiene hoy la candidatura más mediática ni quién puede presumir el discurso más combativo. La verdadera pregunta es mucho más sencilla y mucho más incómoda: ¿quién tiene la capacidad real de derrotar a Morena en Tlaxcala?
Por ahora, PRI y PAN tienen candidatas. Tienen discurso. Tienen dirigentes nacionales dispuestos a levantar la voz. Lo que todavía está por demostrarse es si pueden convertir todo eso en una sola fuerza electoral.











