La diputada de Morena, Madaí Pérez Carrillo, parece haber encontrado en la exposición pública una de sus principales fortalezas, pero también ahí aparece su mayor cuestionamiento: mientras presume una agenda legislativa amplia, los pendientes de la comisión que encabeza siguen haciendo ruido.
Como presidenta de la Comisión de Movilidad, Comunicaciones y Transporte, ha impulsado propuestas sobre movilidad segura, derecho a la movilidad y trayectos escolares. Sin embargo, los problemas del transporte público continúan golpeando a los usuarios, particularmente por tarifas y calidad del servicio. La pregunta es inevitable: ¿qué resultados concretos puede presumir desde la comisión que encabeza?
A ello se suma la polémica por la entrega de jitomates en la comunidad de Ocotlán. Una actividad presentada como respaldo a productores terminó generando cuestionamientos sobre las prioridades de una legisladora cuya responsabilidad incluye atender uno de los temas que más padecen diariamente los ciudadanos.
Pero hay otro detalle que llama la atención: cuando se trata de explicar, defender o presumir directamente su trabajo ante la prensa, Pérez Carrillo suele mostrarse poco accesible. Sus intervenciones públicas tampoco siempre logran comunicar con claridad el alcance de sus iniciativas, una situación que resulta cada vez más difícil de justificar después de dos años en el Congreso local.
Porque a estas alturas del juego legislativo, la ciudadanía no solamente espera que una diputada presente iniciativas; también espera que pueda explicar qué propuso, qué consiguió, qué está pendiente y qué resultados ha generado su trabajo. La comunicación y la rendición de cuentas también forman parte de la responsabilidad pública.
Madaí Pérez tiene una trayectoria deportiva que nadie puede arrebatarle y su carrera como maratonista habla de disciplina y constancia. Pero precisamente por eso, zapatero a tus zapatos: una cosa es destacar en la pista y otra asumir con solvencia las exigencias de una curul. El Congreso requiere legisladores preparados para argumentar, debatir, gestionar y responder por las decisiones que toman.
Porque con la confianza de los tlaxcaltecas no se juega. Quienes ocupan una curul tienen la obligación de estar a la altura de las necesidades de la gente, no solamente de los reflectores. Al final, las fotografías pasan, los discursos terminan y las iniciativas se archivan o avanzan; lo que permanece es la respuesta que una legisladora puede dar cuando los ciudadanos preguntan: ¿qué hiciste realmente por nosotros?












