Tlaxcala vuelve a amanecer con una tragedia que ya es parte amarga de su calendario: un hombre falleció en Xaloztoc tras una explosión de pirotecnia. Es el mismo guion de siempre: humo, ruido, ambulancias que llegan tarde, autoridades que llegan después y comunicados que dicen lo que ya no convence a nadie.
El estado insiste en que todo está bajo control.
Pero la realidad tiene otro mensaje: la pirotecnia se fabrica sin permisos, se almacena sin protocolos, se vende sin vigilancia y estalla sin consecuencias.