Fabiola Márquez
Si algo deja claro el reciente posicionamiento del PRI en Tlaxcala es que la memoria política en México sigue siendo selectiva… o francamente inexistente.
Encabezado por su líder estatal Enrique Padilla Sánchez, el partido intenta hoy erigirse como defensor de las víctimas de desaparición, mientras carga a cuestas décadas de gobiernos marcados por la impunidad, la simulación y el abandono institucional.
El PRI “respalda” que la Organización de las Naciones Unidas lleve la crisis de desapariciones a la Asamblea General, como si se tratara de un espectador ajeno al desastre.
Pero no lo es.
Fue precisamente bajo gobiernos priistas donde se sembraron muchas de las condiciones que hoy permiten que más de 133 mil personas sigan desaparecidas.
Pretender ahora indignarse sin asumir esa responsabilidad no solo es incongruente, es insultante para las víctimas.Siguiendo la línea de su dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, el partido convierte el dolor en herramienta política, reciclando cifras y tragedias para golpear al gobierno en turno, pero guardando silencio absoluto sobre su propio legado.
Un doble discurso que ya no sorprende, pero sí indigna.
El respaldo a la postura de la ombudsperson capitalina, María Dolores González Sarabia, suena más a oportunismo que a convicción.
Porque mientras el PRI aplaude la cooperación internacional, evita responder una pregunta básica: ¿por qué nunca impulsó con la misma fuerza estos mecanismos cuando tuvo el poder total del Estado?
El ataque contra la presidenta Claudia Sheinbaum y la titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra, acusa al actual gobierno de minimizar la crisis.
Pero el señalamiento pierde toda fuerza viniendo de un partido que normalizó la opacidad, que permitió que los expedientes se empolvaran y que convirtió la justicia en una promesa vacía durante años.
Hablan de que más del 90% de los casos siguen sin resolverse, como si esa cifra no fuera también su herencia.
Como si no fueran corresponsables de un sistema que durante décadas falló y sigue fallando a las familias que buscan a sus desaparecidos.Y aun así, el PRI Tlaxcala presenta una lista de “compromisos”: mecanismos de seguimiento, asistencia internacional, supervisión independiente.
Palabras correctas, sí. Pero completamente huecas en boca de quienes nunca rindieron cuentas cuando tuvieron la oportunidad de hacerlas realidad.
La postura del PRI no es solo tardía; es profundamente cínica. Intentan colocarse del lado de las víctimas sin reconocer que forman parte del problema estructural.
En una crisis humanitaria de esta magnitud, lo último que necesita México es la reutilización política del dolor.
Porque aquí no se trata de quién señala más fuerte, sino de quién tiene la autoridad moral para hacerlo. Y en ese terreno, el PRI por más comunicados que emita sigue en deuda.













