La inseguridad comienza a generar preocupación entre habitantes de Ixtulco y Tlatempan, comunidades de San Pablo Apetatitlán, donde vecinos alertaron sobre la presencia de sujetos que presuntamente ingresan a viviendas para observar su interior y posteriormente regresar para cometer robos. Mientras las familias advierten sobre estos movimientos, la respuesta de las autoridades municipales queda bajo cuestionamiento.
A través de una denuncia difundida en redes sociales, un ciudadano pidió a la población mantenerse alerta e identificar a un individuo que, presuntamente, opera junto con otras personas para ingresar a los domicilios, observar qué objetos hay y regresar después, ya sea durante la madrugada o a cualquier hora del día.
El testimonio también expone una situación de mayor preocupación: en la vivienda de una vecina, mientras su hijo se encontraba dentro, una persona habría tocado la puerta para distraerlo, mientras otro sujeto ingresaba al inmueble. Afortunadamente, el joven no sufrió daños, pero el episodio evidencia el riesgo al que podrían estar expuestas las familias.
Aunque hasta el momento el denunciante señaló que no habían sustraído pertenencias de su domicilio, el temor ya se extendió entre los habitantes, quienes han comenzado a compartir advertencias y solicitar apoyo para identificar a los presuntos responsables.
Ante este escenario, el presidente municipal, Ernesto Azaín Ávalos Marbán, tiene que explicar qué está haciendo su administración para garantizar la seguridad en estas comunidades. No basta con discursos sobre prevención ni con esperar a que los ciudadanos difundan videos y alertas en redes sociales para advertir sobre posibles delitos.
La pregunta es inevitable: ¿dónde están los recorridos de vigilancia, la presencia policial y las estrategias preventivas en Ixtulco y Tlatempan? Si los habitantes tienen que organizarse por su cuenta para advertirse sobre personas sospechosas, resulta necesario conocer qué resultados está dando la política de seguridad municipal.
El alcalde no puede limitar su responsabilidad a reaccionar cuando los hechos ya ocurrieron. La ciudadanía necesita prevención, vigilancia y respuestas concretas, no que el miedo a sufrir un robo o encontrarse con delincuentes dentro de sus propias casas se convierta en parte de la vida cotidiana. La seguridad de Apetatitlán no puede quedar reducida a las alertas de WhatsApp y las denuncias de sus propios habitantes.












