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​Más de 12 razas de maíz: el tesoro que Ixtenco mostró ante Sheinbaum

Lizeth Cuahutle​

Más que una muestra de gastronomía o tradición, el reconocimiento que recibió Ixtenco ante la presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa el valor de uno de los patrimonios agrícolas más importantes de Tlaxcala: sus maíces nativos, semillas que sobreviven en las parcelas y que representan siglos de conocimiento de la comunidad otomí-yuhmú.

​Durante la presentación realizada el pasado viernes 7 de agosto, Ixtenco fue incluido en la sección “Suave Patria”, donde se destacó la riqueza cultural del municipio y, particularmente, la conservación de más de 12 razas de maíz nativo, utilizadas no solamente para la alimentación, sino también vinculadas con la gastronomía, las artesanías y las tradiciones de la comunidad.​

El dato cobra relevancia en un estado donde el maíz continúa siendo uno de los principales cultivos. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura, durante el primer trimestre de 2026 fueron registrados en Tlaxcala 460 pequeños productores de maíz, con un volumen reportado de 11,774.9 toneladas; de ese universo, 35 registros correspondieron a maíz nativo o criollo pigmentado.​Pero en Ixtenco la importancia del maíz no puede medirse únicamente en toneladas.​

Aquí, cada semilla representa una parte de la memoria agrícola de la comunidad; la conservación de las variedades nativas implica mantener conocimientos sobre la selección de semillas, los ciclos de cultivo, la preparación de alimentos y las formas tradicionales de aprovechar el campo.​

La propia Secretaría de Cultura federal ha reconocido a Ixtenco como un referente de la diversidad biocultural relacionada con el maíz, al destacar la participación de productores, cocineras tradicionales, artesanas y guardianes de semillas en la preservación de estos conocimientos.​

El reconocimiento nacional llega, además, en un momento en el que el maíz nativo ocupa un lugar importante dentro de la política agrícola federal.

Para 2026, el programa de Acopio para el Bienestar contempla específicamente al maíz nativo o criollo pigmentado producido por pequeños agricultores de Tlaxcala, junto con los estados de México y Puebla.​

Así, detrás de la imagen de Ixtenco presentada ante la presidenta Sheinbaum, existe una historia mucho más profunda: la de una comunidad que ha logrado conservar variedades de maíz que forman parte de su identidad mientras enfrenta los retos cotidianos del campo.

​Porque el verdadero valor de Ixtenco no está solamente en presumir sus maíces ante una audiencia nacional.

Está en que esas semillas siguen sembrándose, cosechándose y llegando a las mesas, sostenidas por familias que han convertido la conservación del maíz en una forma de mantener viva su propia historia.​

Ixtenco volvió a aparecer en el escenario nacional, pero esta vez no por una obra pública ni por una cifra económica; lo que puso frente a los ojos del país fue una riqueza que cabe en una semilla y que lleva siglos creciendo en tierras tlaxcaltecas.

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