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¿Méritos o padrinazgo? El caso Angélica Domínguez

Fabiola Márquez

En política, los reconocimientos pueden sumar al currículum, pero no sustituyen los resultados ni la rendición de cuentas. Y ese parece ser uno de los cuestionamientos que rodean a Angélica Domínguez Hernández, una de las funcionarias que ha logrado mantenerse cerca del círculo de confianza de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros.

Desde el inicio de la actual administración, Domínguez ha ocupado posiciones estratégicas. Primero estuvo al frente de la cordinacion de gobierno estatal y posteriormente asumió la titularidad de Coracyt, consolidándose como una de las figuras con mayor permanencia dentro del aparato de comunicación oficial.

Pero mientras su trayectoria dentro del gobierno ha ido en ascenso, también han aparecido cuestionamientos sobre su desempeño y sobre los beneficios que, según la percepción pública, parecen acompañar a su cercanía con el poder.

Coracyt tampoco ha estado exento de polémicas. Fallas en las transmisiones y periodos en los que algunos de sus medios quedaron fuera del aire provocaron cuestionamientos sobre la operación del sistema público de radio y televisión.

A ello se sumaron otros episodios que han colocado nuevamente a su titular bajo los reflectores.Más recientemente, el debate se trasladó al tema de una plaza dentro del sistema educativo estatal mientras Domínguez continúa al frente de Coracyt.

La situación generó dudas sobre los criterios utilizados para otorgar estos espacios y sobre si existen condiciones de privilegio para funcionarios cercanos al gobierno.La propia gobernadora salió en defensa del mecanismo al señalar que las plazas son espacios que “la gente se va ganando”.

Sin embargo, la frase abrió una pregunta inevitable: ¿se trata realmente de méritos comprobables o de la confianza política que algunas personas han construido dentro del grupo gobernante?Y ahí aparece otro asunto incómodo.

Alrededor de Domínguez también existe la percepción de que personas de su círculo han tenido acceso a apoyos, cargos o beneficios dentro de distintas áreas de la administración. Si bien cada caso tendría que revisarse con documentos y bajo criterios de transparencia, la acumulación de estos señalamientos alimenta una percepción difícil de ignorar.Porque una cosa es reconocer la trayectoria profesional de una funcionaria y otra muy distinta es que el servicio público termine pareciendo un espacio reservado para quienes tienen las mejores conexiones con el poder.

El verdadero cuestionamiento, entonces, no es cuántos reconocimientos acumula Angélica Domínguez, sino qué resultados concretos justifican la confianza que ha recibido durante prácticamente todo el sexenio. Y, sobre todo, si los mismos estándares de oportunidad, mérito y acceso que se aplican a cualquier ciudadano también se aplican a quienes forman parte del círculo cercano del gobierno.

En una administración que llegó al poder con la promesa de acabar con privilegios, la cercanía política no debería convertirse en una especie de pase automático para conservar posiciones, obtener beneficios o abrir puertas.

Al final, quizá el mayor problema no sea solamente lo que ocurre, sino la percepción que deja: que mientras para muchos llegar a un cargo público requiere años de preparación y méritos comprobables, para otros basta con estar cerca de quienes toman las decisiones.

Y si esa percepción no corresponde a la realidad, corresponde al propio gobierno demostrarlo con transparencia, documentos y resultados. Porque en política, cuando las explicaciones no terminan de convencer, la sombra de los privilegios termina creciendo más que los reconocimientos.

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