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Alzas en 2026 serán más severas que en 2025; advierten efecto dominó

Con un IEPS más agresivo y menos estímulos fiscales, el próximo año superará la inflación de 2025, encareciendo el costo de vida y el transporte para las familias tlaxcaltecas.

Fabiola Márquez / El 2026 se perfila como un año de mayor presión económica para las familias, con incrementos anunciados y ajustes fiscales que impactarán productos de consumo cotidiano como la gasolina, los refrescos y los cigarros, superando los niveles registrados durante 2025.

Durante 2025, los aumentos en estos productos se dieron de manera gradual, principalmente ligados a la inflación y a la actualización anual del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Aunque los incrementos fueron constantes, el impacto fue parcialmente amortiguado por estímulos fiscales temporales, especialmente en el caso de los combustibles.

Sin embargo, para 2026 el escenario es distinto. La actualización del IEPS será mayor, los estímulos podrían reducirse y el contexto económico internacional sigue siendo incierto. Esto abre la puerta a alzas más notorias que afectarán directamente el costo de vida.

En 2025, el precio de la gasolina mostró variaciones, pero se mantuvo relativamente estable en comparación con años anteriores. Aun así, cada ajuste se reflejó en el transporte público, los fletes y el precio de los alimentos.

Para 2026, advierten que el impacto será mayor. Un aumento adicional al combustible no solo encarecerá el traslado diario de miles de personas, sino que provocará un efecto dominó en toda la economía local: subirán productos básicos, servicios y costos logísticos. En estados como Tlaxcala, donde gran parte de la población se desplaza a otros municipios o entidades para trabajar, el golpe será directo.

En 2025, los refrescos y bebidas azucaradas ya enfrentaron incrementos derivados del IEPS, justificados bajo políticas de salud pública. No obstante, el consumo no disminuyó de manera significativa, mientras que el gasto familiar sí aumentó.

Para 2026, el impuesto será mayor, lo que elevará aún más el precio final. El problema, señalan analistas, es que estos aumentos afectan principalmente a los sectores de menores ingresos, sin que existan estrategias paralelas eficaces para cambiar hábitos de consumo o garantizar alternativas accesibles.

Los cigarros mantuvieron en 2025 una tendencia de aumento constante. Aunque el argumento oficial es desincentivar el consumo, el resultado ha sido limitado y, en muchos casos, ha impulsado el comercio informal.

En 2026, el incremento será superior al del año anterior, encareciendo aún más el producto legal y ampliando la brecha con el mercado ilegal. Esto no solo afecta a los consumidores, sino también a la recaudación y al control sanitario.

La principal diferencia entre 2025 y 2026 no es solo el monto de los aumentos, sino el contexto social. En 2025, los salarios ya eran insuficientes; para 2026, el ingreso no crece al mismo ritmo que los precios. Esto significa que las familias pagarán más por lo mismo, sin mejoras visibles en servicios públicos, transporte, seguridad o infraestructura.

Desde el ámbito político, los incrementos generan cuestionamientos. Mientras las autoridades defienden los ajustes como necesarios para la recaudación y la salud pública, la ciudadanía exige resultados concretos. El descontento crece cuando los aumentos no se reflejan en beneficios tangibles.

Finalmente, el 2026 se presenta así como un año decisivo  o los aumentos se traducen en mejoras reales, o se consolidará la percepción de que cada año se paga más mientras las condiciones de vida permanecen estancadas.

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