«Fabiola Márquez
El nacimiento de «Aquí Nadie Se Raja» se vende como un movimiento ciudadano, pero resulta difícil ignorar que su principal rostro es una diputada con aspiraciones visibles a la gubernatura de Tlaxcala en 2027. Más que una expresión espontánea de la sociedad, parece el inicio de una campaña adelantada disfrazada de activismo.
Las jornadas de bacheo, la rehabilitación de espacios públicos y la instalación de alarmas vecinales generan simpatía, pero también plantean una pregunta incómoda: ¿por qué estas acciones aparecen justo cuando comienza la disputa por la sucesión estatal? La solidaridad es bienvenida, aunque cuando coincide con los tiempos políticos deja de ser casualidad.
Criticar al gobierno por el abandono de la seguridad es una estrategia legítima de oposición. Lo cuestionable es convertir las carencias de la población en el escenario perfecto para construir una candidatura. La necesidad ciudadana no debería ser el mejor instrumento de propaganda.
Hablar de una «gran alianza opositora» confirma que el objetivo rebasa lo comunitario. El movimiento tiene un destino claro: las urnas. Por ello, más que brigadas y discursos, la ciudadanía debería exigir respuestas sobre cómo resolverá los problemas estructurales del estado y no únicamente cómo administrará el descontento social.
También resulta contradictorio presentar el proyecto como ciudadano cuando está encabezado por una figura plenamente identificada con un partido político. Cambiar el nombre al vehículo no significa cambiar al conductor ni la ruta.
Tlaxcala no necesita más movimientos que prometan rescatar al estado cada tres o seis años. Necesita políticos que gobiernen con resultados, no con campañas permanentes. Si «Aquí Nadie Se Raja» aspira a ser diferente, tendrá que demostrarlo con propuestas verificables y no solo con una estrategia de posicionamiento anticipado.
La ciudadanía ya conoce este libreto: primero llegan las brigadas, después los discursos de esperanza y finalmente las solicitudes de voto. La diferencia no la hará un eslogan desafiante, sino la capacidad de convencer a una sociedad cada vez más cansada de que la política se active únicamente cuando el poder vuelve a estar en juego.













