Fabiola Márquez
La administración municipal de Totolac, encabezada por el presidente Benjamín Atonal Conde, enfrenta crecientes cuestionamientos no solo por las decisiones del Ejecutivo, sino por el papel que ha asumido el cabildo, órgano que constitucionalmente debería fungir como contrapeso, espacio de deliberación y representación de los intereses ciudadanos.
A lo largo del primer año de gobierno, el cabildo ha mantenido una dinámica marcada por la aprobación sistemática de acuerdos, presupuestos y obras sin que se conozcan debates de fondo, reservas, votos razonados o posicionamientos críticos por parte de regidores y del síndico municipal. Esta actuación ha generado la percepción de que el cabildo opera más como una instancia de trámite que como un órgano de vigilancia y toma de decisiones colegiadas.
Uno de los principales señalamientos es la ausencia de una agenda propia del cabildo. Hasta ahora, no se han hecho públicas iniciativas impulsadas desde las regidurías que atiendan problemáticas estructurales como el rezago en servicios públicos, la planeación territorial, el cuidado del medio ambiente o el fortalecimiento de la participación ciudadana en las nueve comunidades que integran el municipio.
En materia de transparencia y rendición de cuentas, la crítica se centra en la falta de información accesible sobre el uso de los recursos públicos. Si bien se anuncian obras y programas, no se detallan criterios de priorización, montos desglosados ni mecanismos de seguimiento que permitan evaluar el impacto real de las acciones aprobadas por el cabildo.
Asimismo, diversos sectores sociales han manifestado preocupación por la escasa cercanía entre regidores y ciudadanía. Las sesiones de cabildo no se han convertido en espacios abiertos de diálogo, ni se observa una comunicación permanente que permita a la población conocer, cuestionar o incidir en las decisiones municipales. Esta desconexión debilita la legitimidad del órgano colegiado y alimenta la desconfianza institucional.
Otro punto de análisis es la subordinación política del cabildo frente al presidente municipal. Aunque Benjamín Atonal Conde ha reiterado su compromiso con un gobierno honesto y ordenado, la falta de cuestionamientos públicos desde el cabildo refuerza la idea de un ejercicio del poder concentrado, sin contrapesos efectivos ni discusión plural.
En un municipio con antecedentes de conflictos administrativos y retos financieros heredados, la función del cabildo resulta clave para evitar errores del pasado. Sin embargo, hasta el momento no se han observado acciones contundentes para revisar procesos, corregir prácticas o establecer lineamientos que fortalezcan la gobernabilidad y el uso responsable del presupuesto.
El balance preliminar de la actuación del cabildo de San Juan Totolac es, por ahora, desfavorable. No por la inexistencia de acuerdos o sesiones, sino por la falta de liderazgo, autonomía y compromiso visible con la vigilancia del poder municipal. La ciudadanía espera un cabildo activo, crítico y cercano, que deje de limitarse a validar decisiones y asuma plenamente su responsabilidad política y social.
Finalmente, la exigencia es clara: más debate, más transparencia y más resultados. San Juan Totolac enfrenta desafíos que requieren un cabildo fuerte, capaz de representar a sus comunidades y de garantizar que el gobierno municipal responda verdaderamente al interés público.













