Fabiola Márquez
Lo ocurrido ayer sábado durante la tradicional Carrera de Carcachas de la Feria de Huamantla 2026 deja una lección que no debería pasar desapercibida: las reglas de seguridad no sirven de nada si quienes asisten a un evento deciden ignorarlas.
Previo a la competencia, la responsable de la seguridad en Huamantla, Gloria Lilia Hernández, había advertido que estaría prohibida la venta de bebidas embriagantes y llamó a los asistentes a respetar las indicaciones para evitar riesgos.
Sin embargo, durante el desarrollo de la carrera se reportó consumo y venta de alcohol, presunto consumo de sustancias, riñas y diversos desmanes. A ello se sumó que algunas personas no respetaron las zonas que habían sido delimitadas precisamente para proteger a espectadores y participantes.
El desorden llegó a tal punto que una riña entre particulares dejó a una persona con una lesión grave en un dedo. Un hecho que, más allá de la competencia, evidencia las consecuencias que puede tener el actuar irresponsable de quienes acuden a este tipo de eventos.
Ante la falta de condiciones adecuadas para continuar, se tomó la decisión de suspender la competencia antes de realizar las últimas tres carreras, entre ellas la categoría femenil. La medida generó molestia entre algunos participantes que ya no pudieron competir y que incluso solicitaron la devolución de sus inscripciones, una inconformidad que resulta comprensible.La Carrera de Carcachas cuenta con 54 años de historia y forma parte de las tradiciones más representativas de Huamantla.
Precisamente por ello, resulta lamentable que una celebración deportiva y familiar termine empañada por personas que acuden a beber, protagonizar riñas o simplemente se niegan a respetar las reglas.El cuestionamiento es inevitable: ¿de qué sirve establecer reglas para proteger a los asistentes si hay quienes, aun conociéndolas, deciden no cumplirlas?La seguridad también es responsabilidad de la ciudadanía.
No basta con establecer medidas, delimitar espacios o hacer llamados a la prevención; quienes acuden tienen la obligación de respetar las reglas y entender que una imprudencia puede poner en riesgo no solamente su vida, sino también la de familias, pilotos y otros espectadores.
Las carcachas deben seguir siendo una tradición que reúna a las familias y a los amantes del automovilismo, no un escenario donde el alcohol, las riñas y el desorden terminen poniendo en peligro a quienes simplemente acudieron a disfrutar de la competencia.
Huamantla merece conservar sus tradiciones, pero también necesita que quienes participan y quienes asisten estén a la altura de ellas. Porque disfrutar una fiesta no significa tener derecho a hacer lo que sea. Las reglas existen por una razón: para que una tradición pueda continuar sin que una imprudencia termine convirtiéndose en una tragedia.













