Fabiola Márquez
En La Magdalena Tlaltelulco, el discurso oficial habla de transformación, inversión histórica y cercanía con la gente. La presidenta municipal, Rocío Meléndez Pluma, ha sostenido que su administración trabaja bajo el principio de transparencia y resultados palpables. Sin embargo, a más de un año de gestión, la narrativa institucional comienza a contrastar con cuestionamientos ciudadanos que no pueden ignorarse.
En su informe de gobierno, la alcaldesa presumió decenas de obras públicas y una inversión de varios millones de pesos en infraestructura básica: pavimentaciones, ampliaciones de red eléctrica y mejoras en agua potable. Las cifras son contundentes en papel.
No obstante, vecinos de distintas comunidades señalan que las obras no siempre responden a prioridades urgentes. Calles intervenidas mientras otras permanecen en el abandono, proyectos ejecutados sin consultas vecinales amplias y molestias por trabajos que generan polvo y afectaciones temporales han alimentado el descontento.
La pregunta que empieza a circular entre ciudadanos es directa: ¿se planifica con base en diagnósticos reales o en calendarios políticos?
La administración ha destacado el fortalecimiento del parque vehicular de seguridad pública y la coordinación con instancias estatales y federales. Sin embargo, la percepción de inseguridad no desaparece con la sola adquisición de unidades.
Episodios de tensión social en la región han evidenciado que la capacidad de respuesta municipal sigue dependiendo en gran medida del respaldo estatal y federal. Para algunos pobladores, el aumento de patrullas no se traduce necesariamente en mayor presencia preventiva ni en estrategias integrales que ataquen las causas de fondo.
Meléndez también ha impulsado programas dirigidos a grupos vulnerables, jornadas médicas y actividades comunitarias. Destaca la creación de una coordinación de atención psicológica municipal, presentada como una acción innovadora en el estado.
Si bien estas iniciativas han sido bien recibidas por ciertos sectores, críticos locales consideran que se ha privilegiado la imagen institucional y la difusión en redes sociales por encima de mecanismos formales de rendición de cuentas. La transparencia, dicen, no sólo es publicar fotografías y boletines, sino detallar contratos, montos, licitaciones y resultados medibles.
La presidenta municipal ha mantenido cercanía con la administración de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, lo que ha permitido la llegada de recursos extraordinarios para obra pública.
Sin embargo, esta relación también ha generado señalamientos sobre la autonomía real del municipio en la toma de decisiones. Algunos actores políticos consideran que gran parte de las inversiones provienen de gestión estatal, mientras que el ayuntamiento capitaliza políticamente los resultados.
Uno de los puntos más sensibles es la participación ciudadana. Aunque el discurso oficial habla de un gobierno cercano, vecinos han señalado falta de consultas abiertas en proyectos relevantes. La ausencia de cabildos itinerantes frecuentes o mecanismos claros de seguimiento a peticiones comunitarias ha sido señalada como una oportunidad desaprovechada.
La administración de Rocío Meléndez no puede calificarse como inactiva. Hay obra, hay programas y hay gestión. Pero también hay cuestionamientos legítimos sobre prioridades, transparencia y capacidad de respuesta ante problemáticas estructurales.
En La Magdalena Tlaltelulco, el debate no gira únicamente en torno a cuánto se ha invertido, sino a cómo y para quién. Porque en política municipal, más allá de cifras y boletines, el verdadero termómetro es la percepción ciudadana.












