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El PRI acusa crisis de desapariciones, pero arrastra una deuda histórica que lo alcanza

Hombre en reunión política con logotipo del PRI en fondo rojo, participando en un evento oficial en interiores.



Fabiola Márquez En medio del incremento de casos de personas desaparecidas en México, el dirigente estatal del PRI en Tlaxcala, Enrique Padilla Sánchez, retomó la línea nacional marcada por Alejandro Moreno Cárdenas para señalar lo que calificó como una crisis humanitaria derivada de la falta de resultados por parte del gobierno federal.

El posicionamiento priista pone sobre la mesa una problemática real y dolorosa: miles de familias que viven en la incertidumbre ante la desaparición de sus seres queridos, así como el esfuerzo incansable de colectivos y madres buscadoras que, ante la insuficiencia institucional, han asumido tareas que corresponden al Estado.

Sin embargo, la crítica del PRI no llega en terreno neutral. Resulta inevitable contrastar su discurso con el historial del propio partido, que durante décadas encabezó gobiernos en los que también se documentaron desapariciones, prácticas de represión y graves violaciones a derechos humanos.

Episodios como la Guerra Sucia en México y casos emblemáticos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa ocurrido bajo una administración priista siguen siendo referentes obligados cuando se habla de la deuda histórica del Estado mexicano en esta materia.

Si bien el dirigente estatal acusa omisiones actuales y cuestiona la efectividad de las estrategias de búsqueda, su posicionamiento también refleja una estrategia política que busca capitalizar el dolor social sin asumir plenamente la corresponsabilidad histórica de su partido en la construcción de un sistema que permitió la impunidad.

El señalamiento sobre una posible subestimación de cifras y la falta de resultados en investigaciones es compartido por múltiples organizaciones civiles y organismos internacionales, lo que refuerza la gravedad del problema. No obstante, el reclamo pierde fuerza cuando proviene de un partido que, en su momento, tampoco logró consolidar mecanismos efectivos de prevención, búsqueda y justicia.

Hoy, el PRI exige respuestas, pero enfrenta el desafío de reconciliar su discurso con su pasado. La crisis de desapariciones en México no es producto de un solo gobierno, sino de años de fallas estructurales, omisiones institucionales y complicidades que atraviesan distintos niveles de poder.

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