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Entre el discurso de transformación y la vida de privilegios: el pendiente de Marroquín y Aurora Villeda

Fabiola Márquez Las fotografías de Javier Marroquín Calderón, secretario de Desarrollo Económico de Tlaxcala, y de la diputada María Aurora Villeda Temoltzin durante una visita al conocido Baby’O de Acapulco llamaron la atención en redes sociales. Pero más allá de la fiesta, el verdadero cuestionamiento está en otro lado: ¿qué tan congruente es la imagen que proyectan con el trabajo que realizan desde sus respectivos cargos?Porque nadie está diciendo que un funcionario o una diputada no puedan tener vida privada, divertirse o darse un descanso. El problema aparece cuando esas imágenes se cruzan con un discurso político que habla de transformación, austeridad, cercanía con la gente y servicio público.En el caso de Marroquín, su posición como responsable del desarrollo económico del estado implica mucho más que declaraciones y presencia pública. Tiene bajo su responsabilidad impulsar inversiones, fortalecer empresas y generar condiciones para el crecimiento económico de Tlaxcala. Sin embargo, recientemente también se convirtió en noticia por sus declaraciones relacionadas con su origen poblano y su llegada a la entidad, generando críticas por la percepción de que se atribuye un papel determinante en la relevancia que Tlaxcala ha alcanzado.Así que sí: Tlaxcala está siendo puesto en el mapa, aunque la pregunta es si será por inversiones, empleos y resultados económicos o por las polémicas alrededor de quienes ocupan los cargos públicos.Del lado del Congreso está Aurora Villeda, presidenta de la Comisión de Desarrollo Económico. Una posición que, por su naturaleza, debería colocarla en el centro de la discusión sobre empleo, inversión, apoyo a pequeñas empresas y crecimiento económico. Y aunque existe actividad legislativa registrada, también es válido preguntar cuánto de esa agenda termina convirtiéndose en resultados concretos para los ciudadanos y cuánto se queda en iniciativas, eventos, videos y publicaciones en redes sociales.Porque representar a los ciudadanos no debería medirse por la cantidad de TikToks, fotografías o publicaciones que genera una diputada, sino por la calidad de las decisiones, el impacto de sus iniciativas y la capacidad para defender los intereses de quienes representa.Y aquí aparece la verdadera contradicción: mientras desde el discurso político se habla de una transformación que coloca al pueblo en el centro, algunas imágenes de quienes forman parte de esa clase gobernante terminan proyectando una realidad bastante diferente.No se trata de cuestionar cuánto cuesta una noche de diversión ni de fiscalizar la vida privada de nadie. Se trata de preguntar qué tan cerca están quienes gobiernan de las necesidades de la gente que representan y qué resultados pueden presumir desde sus escritorios.Porque al final, la ciudadanía no eligió funcionarios para convertirse en influencers ni legisladores para coleccionar iniciativas. Los eligió o les dieron la responsabilidad de hacerlo para resolver problemas.Y si Marroquín quiere poner a Tlaxcala en el mapa y Aurora Villeda encabeza una comisión dedicada al desarrollo económico, quizá el verdadero reto sea conseguir que el estado aparezca en el mapa por sus resultados y no por las polémicas, los privilegios o las fotografías de quienes ocupan el poder.

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