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Entre promesas y pendientes: lo que Rocío Meléndez Pluma sigue sin asumir en Tlatelulco

Eabiola Márquez

En La Magdalena Tlatelulco la inconformidad ciudadana ya no es aislada ni discreta. Es constante. En calles, comercios y reuniones vecinales, el reclamo apunta directamente a la presidenta municipal, Rocío Meléndez Pluma, cuya administración enfrenta señalamientos por falta de resultados tangibles.

El primer punto que, a juicio de muchos ciudadanos, no se ha entendido es que gobernar no es administrar discursos, sino resolver problemas concretos. Las quejas por baches que permanecen sin atender, luminarias apagadas y fallas en servicios básicos como la recolección de basura no son detalles menores: son indicadores claros del desempeño municipal. Cuando estos pendientes se prolongan, el mensaje que se envía es de desorganización o falta de prioridad.

En materia de seguridad, vecinos expresan preocupación por la escasa presencia preventiva y por estrategias poco visibles. La tranquilidad no se construye con comunicados optimistas, sino con acciones coordinadas y permanentes. La percepción de inseguridad, aunque sea solo percepción, desgasta rápidamente cualquier gestión.

Otro tema que genera molestia es la comunicación institucional. Informar no es publicar fotografías en eventos oficiales ni difundir mensajes generales. Informar es rendir cuentas con cifras, explicar decisiones y dar respuesta puntual a cuestionamientos. Cuando la autoridad evade la crítica o la minimiza, la distancia con la ciudadanía se amplía.

También está la transparencia presupuestal. La población quiere claridad: ¿en qué se gasta?, ¿cuáles son las prioridades?, ¿qué obras tienen calendario definido? La opacidad —o la simple falta de información accesible— alimenta la desconfianza. Y sin confianza, ningún gobierno local puede sostener legitimidad.

Se suma además la percepción de lejanía. Gobernar implica escuchar. Las audiencias públicas constantes, los recorridos reales por comunidades y el seguimiento puntual a reportes ciudadanos deberían ser una práctica habitual, no una excepción. Cuando la gente siente que no es escuchada, el desgaste político se acelera.

Rocío Meléndez Pluma enfrenta un momento clave. La administración aún tiene tiempo para corregir, pero primero debe entender que el poder no es un escenario político, es una responsabilidad diaria. Las promesas de campaña se contrastan todos los días con la realidad, y la memoria ciudadana no olvida fácilmente.

En Tlatelulco no se exigen obras monumentales. Se exigen resultados básicos: calles transitables, alumbrado funcional, seguridad visible y cuentas claras. Liderazgo firme, no improvisación.

Porque al final, el cargo es temporal. Pero el juicio ciudadano es permanente.

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