Fabiola Márquez
La Huamantlada 2026 no solo dejó una persona fallecida y nueve pacientes hospitalizados; también dejó en evidencia una preocupante falta de precisión en la comunicación oficial del Gobierno de Tlaxcala.
Mientras la Secretaría de Salud, encabezada por Rigoberto Zamudio Meneses, reportó 10 pacientes atendidos, una persona fallecida y nueve hospitalizadas, el coordinador de Comunicación, Antonio Martínez Velázquez, difundió previamente una versión distinta: habló de una persona fallecida de 35 años y únicamente ocho hospitalizados.
El problema no es un simple error de redacción. Se trata de información relacionada con una persona fallecida y con nueve pacientes que permanecen bajo atención médica.
En un asunto de esta naturaleza, modificar la edad de la víctima y omitir a uno de los hospitalizados pone en duda la capacidad de la vocería para verificar la información antes de hacerla pública.La propia Secretaría de Salud contradijo los datos difundidos por Comunicación.
El fallecido, según el reporte médico, era un hombre de 29 años, originario de Huamantla, quien murió a consecuencia de lesiones graves provocadas por una cornada.
Además, uno de los nueve hospitalizados se encuentra en estado grave, con traumatismo craneoencefálico severo, fractura de cráneo, trauma de tórax y una herida por asta de toro. Es decir, mientras la vocería manejaba cifras incompletas, había información médica relevante que requería absoluta precisión.
La pregunta resulta inevitable: ¿quién está verificando los datos antes de que el Gobierno del Estado los difunda? Porque si la Secretaría de Salud tiene una cifra y la Coordinación de Comunicación presenta otra, la ciudadanía termina recibiendo versiones contradictorias de un mismo hecho.
La vocería gubernamental debería ser precisamente el punto de referencia para evitar rumores y desinformación, no convertirse en una fuente más de versiones encontradas.
En lugar de aclarar lo ocurrido, el primer reporte generó confusión sobre el número de víctimas, la edad del fallecido y el número de personas hospitalizadas.
Y aunque posteriormente la Secretaría de Salud corrigió y amplió la información, queda pendiente una explicación sobre por qué Comunicación Social difundió datos que no coincidían con el reporte de la dependencia responsable de la atención médica.
En hechos tan delicados, la comunicación oficial no puede manejarse con aproximaciones. La ciudadanía merece información verificada, especialmente cuando está de por medio la vida de personas y el dolor de sus familias.
La Huamantlada dejó un saldo trágico, pero también una pregunta incómoda para la vocería de Tlaxcala: ¿por qué la información oficial salió primero equivocada y después tuvo que ser corregida por la propia Secretaría de Salud?










