Fabiola Márquez
La Noche que Nadie Duerme en Huamantla tuvo como protagonista la fe, el fervor y una de las tradiciones más importantes de Tlaxcala, pero también dejó otra lectura: la política aprovechando uno de los escenarios ciudadanos más concurridos del estado.
Por las calles de Huamantla desfilaron distintos perfiles políticos, entre ellos el diputado federal Raymundo Vázquez Conchas, la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera, el presidente municipal con licencia Alfonso Sánchez García y el alcalde con licencia Salvador Santos Cedillo, además de otros actores que no quisieron perderse la celebración.
También llamó la atención la presencia de Beatriz Paredes Rangel, invitada por Salvador Santos y la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. Su aparición adquiere especial interés por el peso político que mantiene y por tratarse de una figura con amplia trayectoria, cuya presencia en Tlaxcala difícilmente pasa inadvertida.
Más allá de la celebración religiosa, estas apariciones tienen una lectura política. La Noche que Nadie Duerme concentra a miles de ciudadanos y visitantes, lo que convierte las calles, los balcones y los recorridos en un escaparate natural para quienes buscan fortalecer su imagen y mantener contacto directo con la población.
Y aquí aparece la pregunta de fondo: ¿cuánto hay de tradición y cuánto de estrategia política? Aunque todavía no comienzan las campañas de 2027, los movimientos, las fotografías y los acercamientos públicos ya empiezan a construir percepciones. En política, la presencia constante también es una forma de posicionamiento.
El mensaje parece claro: quienes aspiran a mantenerse vigentes o convertirse en protagonistas del próximo proceso electoral necesitan estar cerca de la gente, pero también deberán demostrar que esa cercanía no se limita a los eventos donde hay cámaras y multitudes.
La ciudadanía tendrá que distinguir entre presencia política y trabajo real.Así, mientras Huamantla vivió una noche de fe, arte y tradición, también ofreció una fotografía anticipada del tablero político de Tlaxcala. Los nombres comienzan a repetirse, los grupos empiezan a mostrar cercanías y las piezas se mueven lentamente. Falta mucho para 2027, pero la carrera, al menos en materia de posicionamiento, ya comenzó.













