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Mazatecochco sin control: violencia exhibe a un gobierno ausente de Emilio González Cortés

Hombre joven con cabello oscuro peinado hacia atrás, vestido con camisa azul y fondo de colores vibrantes.


Fabiola Márquez En San Cosme Mazatecochco, la seguridad pública dejó de ser una promesa para convertirse en una deuda evidente. Bajo la administración de Emilio González Cortés, los hechos han comenzado a hablar más fuerte que cualquier discurso oficial, exhibiendo un municipio donde el orden se descompone con facilidad y la autoridad simplemente no aparece.

El caso más reciente lo retrata con crudeza: lo que debía ser una celebración familiar en honor a San Damián terminó en una auténtica batalla campal. La madrugada se tiñó de caos entre golpes, gritos y personas lesionadas, mientras la policía municipal brillaba por su ausencia. Vecinos y organizadores han señalado que, pese a la magnitud del evento, no hubo presencia preventiva ni reacción oportuna para contener la violencia.

Este episodio no es un hecho aislado, sino el reflejo de una estrategia de seguridad que no logra sostenerse en la práctica. Aunque el gobierno municipal presume rondines y coordinación con otras corporaciones, la realidad es que, cuando más se necesita, la autoridad no responde. La pregunta es inevitable: ¿dónde estaba la policía cuando el municipio la requería?

A la par, la administración ha invertido en equipamiento y patrullas, intentando proyectar una imagen de fortalecimiento institucional. Sin embargo, los resultados en campo contradicen esa narrativa. Tener unidades nuevas no sirve de mucho si no hay planeación, prevención ni capacidad de reacción.

El problema se agrava por los constantes señalamientos contra el propio gobierno municipal. Acusaciones de autoritarismo, conflictos internos y uso indebido del poder han debilitado la credibilidad de la administración. Cuando la autoridad pierde legitimidad, también pierde la capacidad de imponer orden.

Además, los escándalos públicos que rodean al alcalde han contribuido a deteriorar aún más la imagen institucional. La percepción ciudadana es clara: hay un gobierno distraído, más enfocado en sobrevivir políticamente que en atender los problemas reales de la población.

Lo ocurrido en el baile no solo dejó lesionados y daños materiales; dejó en evidencia una falla estructural en la seguridad del municipio. La ausencia policial en un evento masivo no puede justificarse ni minimizarse, porque revela improvisación y falta de control.

Hoy, Mazatecochco vive una realidad incómoda: la inseguridad no solo está en las calles, sino en la incapacidad del gobierno para garantizar orden. Y mientras no haya una respuesta clara, firme y transparente por parte de Emilio González Cortés, episodios como el de la batalla campal seguirán siendo la regla y no la excepción.

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