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Miriam Martínez critica ejecución presupuestal, pero omite su rol legislativo



J. Castillo//La diputada local del PAN Miriam Martínez hizo un llamado para que el Presupuesto 2026 se ejecute “sin pretextos”, priorizando la seguridad pública y el fortalecimiento del campo tlaxcalteca. Su postura se suma a una lista recurrente de exigencias legislativas que, sin embargo, contrastan con la limitada capacidad del Congreso para garantizar que los recursos se apliquen con transparencia, oportunidad y resultados.

Aunque la legisladora subrayó la importancia de destinar recursos suficientes para enfrentar la violencia y fortalecer la producción agrícola, no presentó propuestas claras para corregir los rezagos que persisten desde ejercicios anteriores, donde se han reportado subejercicios, retrasos y programas que no han cumplido sus metas. Tampoco se refirió a mecanismos de evaluación, calendarios de ejecución ni indicadores que permitan medir el impacto del gasto.

En materia de seguridad, el llamado a “cumplir” se queda corto frente a una realidad de municipios que continúan sin equipamiento, profesionalización ni protocolos integrales de prevención. La discusión pública sobre el presupuesto rara vez avanza más allá de solicitudes genéricas de más recursos, mientras se evaden preguntas clave: ¿cómo se van a distribuir?, ¿quién supervisa?, ¿qué modelos funcionan y cuáles no?

El campo enfrenta una situación similar. Cada año se exigen apoyos, pero persisten problemas de productividad, acceso a tecnología y mercados, así como programas fragmentados y mal diseñados que no atienden las causas estructurales del rezago. La legisladora tampoco abordó estos factores ni reconoció el papel del Legislativo en la definición de políticas públicas sostenibles.

El discurso de Martínez refleja una tendencia habitual: demandar resultados sin asumir responsabilidades compartidas ni ofrecer detalles sobre cómo lograrlos. Para productores, municipios y organizaciones civiles, el reto no es que el Congreso “pida”, sino que fiscalice, corrija y sancione.

Mientras tanto, el Presupuesto 2026 se perfila como una nueva prueba política: o se convierte en una herramienta efectiva para reducir violencia y fortalecer el sector agrícola, o quedará, como cada año, atrapado entre buenas intenciones, discursos oportunistas y una ejecución incapaz de transformar la realidad.
La exigencia de “cumplir sin pretextos” es pertinente, pero insuficiente.

Tlaxcala necesita claridad, diagnósticos serios, metas verificables y vigilancia real, no solo exhortos que se repiten cada ciclo fiscal sin alterar el rumbo de las políticas públicas.

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