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Zacatelco reparte lavadoras, pero mantiene a las mujeres atrapadas en el discurso del hogar

El presidente municipal de Zacatelco, José Miguel Acatzi Luna, presumió la entrega de lavadoras como un logro para mejorar la calidad de vida de las familias, pero el apoyo volvió a exhibir la visión limitada con la que desde la política se suele mirar a las mujeres como amas de casa a quienes hay que facilitarles las tareas del hogar.

Mientras el Ayuntamiento celebra la entrega de electrodomésticos, poco se habla de programas que realmente impulsen la independencia económica de las mujeres, su acceso al empleo, capacitación, emprendimiento o desarrollo profesional.

Porque regalar una lavadora puede ser útil, nadie lo discute. Lo cuestionable es venderla como una gran política de bienestar mientras se mantiene intacta la idea de que las mujeres deben seguir ocupándose de lavar, cocinar, limpiar y cuidar.

El mensaje vuelve a ser el mismo: para las madres y amas de casa, una lavadora; para resolver la desigualdad económica y ampliar sus oportunidades, el discurso queda pendiente.

Durante el evento, Acatzi Luna incluso aseguró que los apoyos no fueron entregados a “amigos”, familiares o “compadritos” y defendió que existen reglas de operación “muy específicas” y “muy estrictas” para seleccionar a los beneficiarios.

Pero las reglas tan estrictas que presumió el alcalde tampoco fueron explicadas públicamente.

No se detalló cuántas familias solicitaron el apoyo, cuántas fueron rechazadas, cuáles fueron los criterios específicos para elegir a las beneficiarias ni cómo puede comprobarse que, efectivamente, los apoyos no terminaron en manos de personas cercanas al poder municipal.

Y aunque Acatzi pidió prácticamente confiar en que todo se hizo correctamente, ni siquiera durante el evento quedó clara la cifra de lavadoras entregadas. Mientras al inicio se habló de 36 equipos, posteriormente el propio presidente municipal aseguró que fueron 39.

Tres lavadoras de diferencia pueden parecer un detalle menor, pero cuando se trata de recursos públicos y de un programa que presume reglas claras, la información debería ser exacta.

El alcalde también destacó que los apoyos buscan mejorar la economía de las familias. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar una política pública que considera que mejorar la vida de una mujer significa, principalmente, darle herramientas para seguir trabajando dentro de su casa?

Zacatelco tuvo la oportunidad de presentar un programa con un mensaje distinto, pero terminó repitiendo una vieja fórmula política: electrodomésticos, fotografías, aplausos y discursos sobre el bienestar familiar.

Mientras tanto, las mujeres siguen esperando apoyos que no solamente les hagan más rápido lavar la ropa, sino que les permitan ganar su propio dinero, acceder a mejores empleos y construir oportunidades fuera del hogar.

Porque una lavadora puede quitarles trabajo por unas horas, pero no las saca de la desigualdad. Y si la política pública sigue creyendo que regalar electrodomésticos es suficiente para presumir que se está apoyando a las mujeres, entonces el problema no está únicamente en lo que se entrega, sino en la poca ambición de quienes diseñan y celebran esos programas.

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