Los grupos políticos que durante años tuvieron el control de Tlaxcala parecen no estar dispuestos a abandonar el escenario. Ahora, Mariano González Aguirre, hijo del exgobernador priista Mariano González Zarur, aparece entre los perfiles que buscarían abrirse paso en Morena para disputar la coordinación municipal de Apizaco, una posición estratégica rumbo a las elecciones de 2027.
De acuerdo con versiones de personas cercanas a su entorno, González Aguirre tendría interés en participar en el proceso interno del partido guinda. Incluso circula entre sus allegados la versión de que contaría con respaldo para conseguir la designación, aunque hasta ahora no existe confirmación pública de que tenga asegurado el nombramiento.
Su posible incursión en Morena resulta políticamente significativa. No se trata de un apellido ajeno a las estructuras de poder en Tlaxcala, sino de una familia que tuvo influencia durante el gobierno priista de González Zarur y que ahora podría encontrar espacio en el movimiento que llegó al poder con un discurso de transformación.
A ello se suman sus relaciones con personajes de la política local, entre ellos Jorge Luis Vázquez Rodríguez, exalcalde de Apizaco y padrino de su padre, así como el respaldo que González Aguirre brindó en su momento al proyecto político de Julio César Hernández Mejía.
Su parentesco con Alfonso Sánchez García y Emilio Sánchez Rivera, además de su matrimonio con Alejandra del Moral, excandidata priista al Gobierno del Estado de México, amplían el entramado de relaciones políticas y familiares alrededor de su figura.
El escenario plantea una contradicción que Morena tendrá que explicar: ¿con qué argumentos habla de transformación y renovación si sus espacios de representación comienzan a ser disputados por personajes vinculados con los grupos que dominaron la política bajo otras siglas?
La coordinación municipal de Apizaco no debería convertirse en una puerta de regreso para quienes buscan recuperar posiciones e influencia. Más allá de apellidos y relaciones, Morena tendrá que demostrar si sus decisiones responden a la militancia y al trabajo territorial o si, una vez más, el poder termina concentrándose entre los mismos grupos de siempre.












