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Cuando callaron ante Maduro y hablaron tras su captura: la doble vara de los gobiernos latinoamericanos

1. Soberanía y política en Tlaxcala representadas por un megáfono con la palabra "Soberanía" y un símbolo de rechazo "DDHH" con una vara atravesándolo.

 

Durante años, las violaciones a los derechos humanos en Venezuela fueron documentadas por organismos internacionales, ONG y misiones de la ONU. Detenciones arbitrarias, presos políticos, represión a la protesta y colapso institucional no fueron un secreto. Sin embargo, buena parte de los mandatarios latinoamericanos eligieron el silencio, la ambigüedad o la abstención diplomática cuando el responsable era Nicolás Maduro. Hoy, tras su captura por Estados Unidos, muchos de esos mismos gobiernos alzan la voz. No para hablar de las víctimas, sino para denunciar la forma.

La reacción regional ha sido reveladora. Gobiernos como los de Claudia Sheinbaum en México, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile han condenado la intervención estadounidense apelando a la soberanía, la no intervención y el derecho internacional. Es una postura coherente con su tradición diplomática. Lo que no es coherente es el contraste: esa firmeza rara vez apareció cuando el problema era la represión interna en Venezuela.

El patrón no es nuevo. En votaciones clave de la OEA, varios países optaron por la abstención o por posturas tibias frente al régimen de Maduro. No fue desconocimiento: fue cálculo. Condenar violaciones de derechos humanos tiene costos políticos; condenar a Estados Unidos, en cambio, suele rendir dividendos internos bajo el discurso antiimperialista. La captura de Maduro activó el megáfono de la soberanía; las víctimas venezolanas nunca lo hicieron.

También hay otro bloque. Mandatarios como Javier Milei en Argentina y Daniel Noboa en Ecuador celebraron la caída del régimen y reforzaron la narrativa de “narco-Estado”. Aquí el incentivo es inverso: alinearse con Washington y capitalizar el discurso de mano dura. No es más altruista; es otra forma de realpolitik.

Los silencios pesan tanto como las declaraciones. Algunos líderes evitaron posicionarse de fondo, conscientes de que el tablero se reacomodaba. En política exterior, callar también es decidir. Y en este caso, la región mostró una doble vara: los derechos humanos incomodan cuando obligan a tomar partido; la soberanía une cuando permite no mirar atrás.

Remate editorial:
Cuando el verdugo fue Maduro, muchos callaron.
Cuando el captor fue Estados Unidos, muchos gritaron.
La coherencia también es un derecho humano.

Fuentes

más información:

https://elperiodicodetlaxcala.com/la-captura-de-maduro-y-el-tablero-geopolitico-lo-que-se-dice-lo-que-se-calla-y-lo-que-viene/

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