Redacción
Tlaxcala, 7 de junio de 2026. En la política tlaxcalteca hay decisiones que pasan desapercibidas y otras que terminan convirtiéndose en precedentes históricos. La destitución e inhabilitación de todo el Cabildo de Contla de Juan Cuamatzi pertenece sin duda a la segunda categoría.
El pasado 5 de junio, el Congreso del Estado aprobó, mediante juicio político, la destitución de la presidenta municipal Ana Ivonne Roldán Xolocotzi, del síndico Gilberto Flores Maldonado y de siete regidores, además de imponerles una inhabilitación de tres años para ocupar cargos públicos.
La votación fue contundente: 19 diputados a favor y únicamente tres en contra.
La justificación oficial parece sencilla. El Cabildo habría excedido sus facultades al suspender al presidente de comunidad de la Segunda Sección, Alejandro Flores Xelhuantzi, una atribución que legalmente corresponde al Congreso del Estado y no a una autoridad municipal.
Hasta ahí, muchos podrían pensar que el asunto está resuelto. Se violó la ley, se aplicó una sanción y asunto concluido.
Pero la realidad política rara vez es tan simple.
El problema no es sólo lo que hizo el Cabildo
Nadie parece discutir seriamente que existieron irregularidades en la suspensión del presidente de comunidad.
Diversas resoluciones judiciales ya habían advertido que el procedimiento estuvo plagado de deficiencias. Se señaló la falta de debido proceso, la ausencia de garantías de audiencia y posibles violaciones a la seguridad jurídica del funcionario afectado.
Dicho de manera sencilla: el Cabildo actuó como juez, fiscal y verdugo al mismo tiempo.
Y en un Estado de Derecho eso no debería ocurrir.
Sin embargo, el verdadero debate no gira únicamente en torno a las acciones de la alcaldesa y los regidores.
La pregunta que hoy divide opiniones es otra:
¿El Congreso actuó como garante de la legalidad o como un poder político decidido a enviar un mensaje ejemplarizante?
Porque una cosa es corregir una ilegalidad y otra muy distinta es utilizar el máximo castigo político disponible para dejar una advertencia al resto de los municipios.
Un precedente que no tiene antecedentes
Lo ocurrido en Contla no es una sanción cualquiera.
No se trata de una amonestación.
No se trata de una multa administrativa.
No se trata de la suspensión de un solo funcionario.
Estamos hablando de la destitución de toda una estructura de gobierno municipal elegida por los ciudadanos.
Eso convierte al caso en uno de los episodios políticos más relevantes de los últimos años en Tlaxcala.
La pregunta inevitable es qué ocurrirá a partir de ahora.
Si el Congreso ya demostró que puede destituir a un Cabildo completo por extralimitarse en sus funciones, otros presidentes municipales seguramente tomarán nota.
Algunos verán el mensaje como una advertencia necesaria.
Otros lo interpretarán como una señal de que cualquier conflicto político puede terminar escalando hasta el máximo órgano legislativo del estado.
Y ahí es donde comienzan los riesgos.
La política y la ley rara vez viajan por separado
Quienes celebran la decisión sostienen que los funcionarios públicos deben responder por sus actos.
Argumentan que permitir abusos de autoridad sin consecuencias sólo fortalece la impunidad.
Y tienen razón.
Pero quienes critican el procedimiento también plantean cuestionamientos válidos.
¿Por qué una decisión de semejante trascendencia fue discutida en sesión privada?
¿Por qué no existió un debate público amplio sobre un asunto que afecta directamente a miles de ciudadanos?
¿Por qué la transparencia desaparece precisamente cuando las decisiones son más delicadas?
En Tlaxcala existe una vieja costumbre política.
Las decisiones verdaderamente importantes suelen tomarse lejos de los reflectores.
Después llegan los comunicados.
Después aparecen los discursos.
Después llegan las explicaciones.
Pero la discusión real casi siempre ocurre detrás de puertas cerradas.
Y eso alimenta la desconfianza ciudadana.
La Suprema Corte todavía tiene algo que decir
Existe además un elemento que muchos parecen olvidar.
La historia aún no termina.
Diversos recursos legales han llevado el caso hasta instancias federales, incluyendo la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Eso significa que la ejecución de las sanciones podría enfrentar obstáculos jurídicos importantes.
En otras palabras, el Congreso ya emitió su sentencia política, pero todavía falta conocer si esa decisión resistirá el escrutinio constitucional.
Y no sería la primera vez que los tribunales federales corrigen decisiones tomadas por autoridades locales.
Por eso resulta prematuro cantar victoria o derrota.
El capítulo más importante podría estar todavía por escribirse.
Los ciudadanos vuelven a quedar en medio
Mientras políticos, abogados y legisladores intercambian argumentos, existe un sector que vuelve a quedar atrapado entre los intereses de todos.
Los ciudadanos.
Porque más allá de las disputas jurídicas, Contla enfrenta una realidad concreta.
La incertidumbre institucional.
Los habitantes del municipio no eligieron una guerra política.
Eligieron autoridades para gobernar.
Eligieron representantes para resolver problemas cotidianos.
Eligieron funcionarios para atender servicios públicos, seguridad, obra pública y desarrollo social.
Sin embargo, hoy observan cómo el debate gira exclusivamente alrededor de sanciones, procedimientos, recursos legales y disputas entre grupos de poder.
La pregunta que muchos ciudadanos seguramente se hacen es simple:
¿Quién está gobernando mientras todos pelean?
El cartón que duele porque refleja la realidad
Por eso el cartón político de esta semana resulta especialmente incómodo.
La imagen muestra una enorme guillotina etiquetada como «Juicio Político», mientras diputados observan desde las alturas y la figura de la ley aparece amordazada intentando recordar que todavía existen tribunales federales.
No es una defensa del Cabildo.
No es una defensa del Congreso.
Es una crítica al sistema.
A esa costumbre mexicana donde cada grupo político está convencido de que representa la legalidad absoluta mientras acusa a sus adversarios de actuar fuera de la ley.
Lo preocupante es que ambos bandos suelen pensar exactamente lo mismo.
La pregunta que queda en el aire
Tal vez dentro de algunos años este caso sea recordado como un ejemplo de rendición de cuentas.
Tal vez sea recordado como el inicio de una etapa donde los abusos municipales comenzaron a castigarse seriamente.
O tal vez sea recordado como el momento en que se abrió una puerta peligrosa para que los juicios políticos se convirtieran en instrumentos de presión y control.
Por ahora nadie puede saberlo.
Lo único cierto es que Tlaxcala acaba de presenciar una decisión inédita.
Una decisión que marcará precedentes.
Una decisión que seguirá generando polémica durante mucho tiempo.
Y mientras la clase política celebra o lamenta el resultado, los ciudadanos observan desde la primera fila preguntándose algo que sigue sin tener respuesta clara:
¿Se hizo justicia o simplemente ganó quien tenía más poder?
El cabildo fantasma de Contla: cuando el Congreso juega a ser verdugo y olvida que hay leyes









