Fabiola Márquez
En Yauhquemehcan, la administración del presidente municipal David Vega Terrazas enfrenta señalamientos cada vez más fuertes por dos temas que ya no pueden minimizarse: la escasez de agua en Atlihuetzia y los conflictos territoriales en los límites con Apizaco y Santa Úrsula Zimatepec.
En la comunidad de Atlihuetzia, vecinos denuncian que la llegada acelerada de desarrollos inmobiliarios ha agravado el desabasto de agua potable.
Lo que antes era intermitente, hoy aseguran habitantes se ha convertido en una constante.
Tinacos vacíos, tandeos prolongados y pipas como solución emergente evidencian un problema estructural.
La pregunta es directa: ¿se autorizó la expansión habitacional sin garantizar infraestructura hidráulica suficiente?
Para muchos ciudadanos, el crecimiento urbano parece haber avanzado más rápido que la planeación municipal.
Y aunque el Ayuntamiento ha señalado que se trabaja en soluciones técnicas, la percepción es que las inmobiliarias avanzaron sin que se protegiera primero el derecho básico al agua de quienes ya vivían ahí.
Otro frente abierto para Vega Terrazas es el conflicto territorial en la franja limítrofe con Apizaco y la comunidad de Santa Úrsula Zimatepec.
La instalación de agencias automotrices en esa zona ha encendido disputas sobre a qué municipio corresponden los permisos, la recaudación y la supervisión.
El trasfondo no es menor: se trata de ingresos, control administrativo y proyección comercial. Mientras tanto, ciudadanos observan un escenario de ambigüedad institucional que genera incertidumbre jurídica y política.
La falta de una postura firme y pública sobre la delimitación territorial alimenta especulaciones y críticas.
La gestión de David Vega Terrazas ha destacado por eventos y promoción, pero estos conflictos revelan un desafío más profundo: ordenar el crecimiento urbano, defender el territorio municipal y priorizar servicios básicos antes que intereses económicos.
Hoy, el agua que no llega y los límites que no se defienden pesan más que cualquier inauguración.
En Yauhquemehcan, los problemas ya no son rumores de pasillo: son reclamos abiertos que exigen decisiones claras y liderazgo efectivo.











