Parece que para Alfonso Sánchez García la carrera por la silla gubernamental ya comenzó, aunque oficialmente todavía no sean tiempos de campaña.
Este domingo, el aspirante a coordinardor por Morena volvió a movilizar simpatizantes y estructuras políticas en la capital del estado, apenas una semana después de hacer lo mismo en Zacatelco. La fórmula se repite: contingentes de distintos municipios, concentración en un punto emblemático y una marcha para mostrar músculo político.
Ahora fueron las escalinatas de Tlaxcala capital las que sirvieron como escaparate para el proyecto de Sánchez García, quien busca dejar claro que tiene capacidad para movilizar a cientos de personas y ocupar espacios públicos.
Pero la pregunta resulta inevitable: ¿por qué tanta prisa? Si Morena todavía no define formalmente a quien encabezará su proyecto rumbo a 2027, ¿por qué el despliegue político parece propio de una campaña adelantada?
La escena resulta todavía más cuestionable cuando desde el gobierno estatal se ha insistido en que no habrá intervención en el proceso interno. Sin embargo, en estas movilizaciones aparecen personas vinculadas con estructuras gubernamentales y actores políticos que, al menos visualmente, terminan alimentando la percepción de que existe una operación detrás del proyecto.
Y ahí está precisamente el problema: una cosa es que ciudadanos acudan por voluntad propia y otra muy distinta que exista una estructura organizada para llenar calles y plazas con el objetivo de enviar un mensaje político.
Porque llenar las escalinatas no significa llenar las urnas. Tener capacidad para movilizar personas tampoco garantiza encabezar las preferencias de los tlaxcaltecas.
Sánchez García parece empeñado en demostrar que tiene más estructura que sus adversarios. Primero fue Zacatelco y ahora la capital. ¿Mañana qué municipio seguirá?
El despliegue genera además una pregunta que debería responderse con claridad: ¿quién organiza, quién convoca, quién traslada y quién paga?
Si todo se realiza con recursos de simpatizantes y ciudadanos convencidos, que se transparente. Pero si participan servidores públicos, estructuras institucionales o recursos que deberían mantenerse al margen de cualquier proyecto político, entonces el asunto adquiere otra dimensión.
La paradoja es evidente: mientras todavía se habla de respetar los tiempos y las reglas internas de Morena, Alfonso Sánchez García ya parece estar jugando con las reglas de una campaña electoral.
Y quizá ahí está el verdadero mensaje de estas marchas: no necesariamente demostrar que ya ganó, sino demostrar que está dispuesto a hacer ruido, movilizar y ocupar las calles para que nadie olvide que quiere la candidatura.
Por ahora, la fotografía es contundente: primero Zacatelco, ahora Tlaxcala capital.
Mucho músculo, mucha movilización y mucha prisa por llegar a la silla gubernamental. Falta saber si cuando llegue el momento de medir el verdadero respaldo ciudadano, las multitudes de las marchas se convertirán también en votos.










