Fabiola Márquez
La violencia que durante años pareció exclusiva del Estado de México comienza a replicarse en Tlaxcala. El reciente asalto registrado en una unidad del transporte público en Amaxac de Guerrero evidenció un preocupante nivel de agresividad, luego de que un delincuente despojara de sus pertenencias a los pasajeros y, al ser confrontado por los operadores, abriera fuego, lo que dejó a dos choferes heridos.
Aunque este caso ha causado indignación, no es el primero que ocurre en la entidad. En los últimos años se han registrado robos y agresiones contra usuarios y operadores del transporte público, lo que demuestra que la delincuencia ha encontrado en este servicio un objetivo cada vez más vulnerable.
La diferencia es que ahora los delincuentes actúan con mayor violencia y no dudan en utilizar armas de fuego para intimidar o escapar. En este caso, el responsable dejó caer parte del botín durante su huida, un elemento que podría contribuir a su identificación por parte de las autoridades.
Lo sucedido también exhibe la falta de medidas de seguridad en la mayoría de las unidades del transporte público. Son pocas las que cuentan con cámaras de videovigilancia, sistemas de geolocalización o botones de pánico que permitan una respuesta inmediata ante una emergencia.
Si bien corresponde a las autoridades investigar y detener a los responsables, también es momento de que concesionarios, transportistas y plataformas de movilidad asuman su responsabilidad. La seguridad de los pasajeros y de los operadores no puede seguir dependiendo únicamente de la reacción policial después de un delito.
Los usuarios tienen derecho a trasladarse sin temor, y los choferes no deberían exponer su vida para proteger a quienes viajan en sus unidades. Invertir en cámaras, monitoreo en tiempo real, botones de auxilio, capacitación y protocolos de actuación debe convertirse en una prioridad para ofrecer verdaderas garantías de seguridad a quienes utilizan el transporte público todos los días.
Lo ocurrido en Amaxac debe encender las alertas. Si no se toman acciones inmediatas y coordinadas entre autoridades y el sector transportista, la violencia podría seguir escalando y convertir los asaltos al transporte público en una constante en Tlaxcala.












