Fabiola Márquez
En el Congreso del Estado de Tlaxcala, lo que debería ser un espacio de pluralidad política y representación ciudadana empieza a mostrar un patrón preocupante la concentración de protagonismo en familias donde los hijos parecen ejercer un poder real por encima de quienes fueron electos para legislar. Esto plantea cuestionamientos sobre la transparencia, la rendición de cuentas y, sobre todo, sobre la verdadera función de quienes ostentan el cargo de diputada o diputado.
Miguel Ángel Cobarrubias Cervantes: el “gestor invisible” con rostro público
Un ejemplo evidente de esta dinámica es Miguel Ángel Cobarrubias Cervantes. A pesar de que hoy no ocupa ningún cargo oficial dentro del Congreso del Estado, su participación en actividades públicas y mediáticas lo posiciona como un actor central en la gestión legislativa, especialmente en relación con su madre, la diputada Maribel Cervantes Hernández.
La percepción general es que, más que la diputada, es Cobarrubias quien gestiona recursos, coordina proyectos y aparece como rostro visible de iniciativas que deberían ser responsabilidad de su madre.
Lo que llama aún más la atención es que cuando Cobarrubias ocupó un cargo previo, su desempeño legislativo fue limitado: no promovió un número significativo de iniciativas de ley ni proyectos destacados. Esto contrasta fuertemente con la imagen que actualmente proyecta, como si fuera el “salvador del pueblo tlaxcalteca”, un personaje capaz de liderar y transformar la agenda legislativa, cuando en la práctica su producción legislativa ha sido mínima.
El patrón se repite: Silvano Garay Ulloa y su hijo este fenómeno no es exclusivo de la familia Cervantes Cobarrubias. Otro caso es el de Silvano Garay Ulloa y su hijo, Silvano Garay Loredo, recién asumido como diputado. La visibilidad del hijo y su participación activa en actividades públicas legislativas refuerzan la percepción de un “clan familiar” donde los hijos, más que los titulares, manejan la agenda y se posicionan como protagonistas de la política local.
El efecto combinado de estos casos es preocupante: pareciera que los diputados titulares son meros vehículos para que sus familiares construyan presencia política, mientras el verdadero trabajo legislativo y la gestión pública quedan subordinados a intereses personales y familiares.
El marco legal: ¿dónde queda la ley?
La Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Tlaxcala es clara: la función legislativa recae únicamente en las diputadas y diputados electos, quienes son responsables de presentar iniciativas, dictaminar y representar al pueblo.
El Reglamento Interior del Congreso establece que solo los legisladores en funciones pueden participar en comisiones, dictámenes o acuerdos del pleno, y que la representación ciudadana no puede ser ejercida por personas que carezcan de investidura oficial.
Si bien la ley no prohíbe que familiares actúen como asesores o gestores externos, la percepción de que ejercen funciones de manera visible y pública gestionando, apareciendo en videos y eventos genera un conflicto ético: la ciudadanía puede llegar a creer que son ellos, y no los diputados electos, quienes legislan o deciden sobre asuntos que afectan a todo Tlaxcala.
El caso de Cobarrubias evidencia un fenómeno de proyección política desproporcionada: mientras la diputada Maribel Cervantes Hernández tiene escasa producción legislativa registrada, su hijo aparece como gestor, vocero y protagonista, construyendo una narrativa de liderazgo que no corresponde con su historial legislativo.
Esta discrepancia no es menor. Refuerza la idea de que en ciertos espacios del Congreso de Tlaxcala, la política se maneja como un asunto familiar, más que como una función de servicio público y representación ciudadana. Los “clanes” familiares concentran protagonismo, visibilidad y control de la agenda legislativa, dejando en segundo plano los intereses de quienes votaron por sus representantes.
La política no debe ser un escenario de protagonismo familiar ni de aspiraciones personales desmedidas. La presencia de figuras como Miguel Ángel Cobarrubias Cervantes, sin mandato oficial, proyecta la sensación de que el verdadero poder y la gestión legislativa no están en las curules, sino detrás de ellas, en manos de familiares que aprovechan la posición de sus parientes para construir visibilidad y consolidar carreras políticas futuras.
Mientras este patrón se mantenga, la ciudadanía tlaxcalteca enfrentará un Congreso donde la titularidad de los cargos es simbólica, y la verdadera agenda la marcan los familiares que buscan protagonismo, eclipsando la labor legislativa formal y desdibujando la función pública como servicio al pueblo.













