Fabiola Márquez
La polémica generada por el presunto uso de estructuras gubernamentales para favorecer a un aspirante a la gubernatura coloca a Morena ante una pregunta inevitable: ¿qué hará el partido para garantizar piso parejo entre sus perfiles rumbo a 2027?El caso no solo implica aclarar responsabilidades administrativas; también puede convertirse en un factor que modifique el escenario interno de Morena, donde distintos perfiles ya comienzan a mover sus piezas para posicionarse rumbo a la sucesión estatal.
Para los aspirantes que compiten por la candidatura, el momento representa una oportunidad para exigir reglas claras y evitar que la cercanía con funcionarios o estructuras gubernamentales se convierta en una ventaja política. La exigencia de piso parejo podría convertirse en uno de los principales temas dentro de la disputa interna.
En el caso de Alfonso Sánchez García, el reto será mantener su posicionamiento sin que los señalamientos terminen asociando su proyecto con una presunta utilización de recursos o espacios públicos.
Aunque la investigación deberá determinar responsabilidades, políticamente el episodio ya genera cuestionamientos que tendrán que ser atendidos.
Morena, bajo la conducción de su dirigente estatal Jaina Daniela Flores Meneses, tendrá que decidir si deja que las diferencias entre sus grupos crezcan o establece desde ahora una ruta para ordenar la competencia.
La dirigencia estatal y nacional podrían verse obligadas a intervenir para evitar que los reclamos entre aspirantes terminen convirtiéndose en una fractura rumbo al proceso electoral.
El verdadero desafío será garantizar que la definición del candidato o candidata a la gubernatura tenga legitimidad entre los propios morenistas. Si alguno de los grupos considera que el proceso fue inclinado hacia determinado perfil, el conflicto podría extenderse mucho más allá de la selección interna.
Además, las figuras del gobierno estatal también quedan bajo la lupa, pues cualquier señal de favoritismo puede generar un costo para Morena en su conjunto.
Por ello, el partido tendrá que marcar distancia entre las funciones de gobierno y la competencia política, especialmente conforme avance el calendario electoral.
Morena todavía tiene tiempo para corregir el rumbo, pero la disputa ya comenzó. Lo que haga ahora investigar, fijar reglas, garantizar piso parejo y contener las confrontaciones internas podría determinar si llega a 2027 como un partido unido o como una fuerza política dividida por la lucha anticipada por la gubernatura.










