Fabiola Márquez
La administración municipal encabezada por Benjamín Atonal Conde enfrenta una profunda crisis política, administrativa y social, derivada de una cadena de decisiones y omisiones que hoy tienen al municipio sumido en el desorden, el incumplimiento financiero y el deterioro de los servicios públicos básicos, generando un creciente malestar entre autoridades auxiliares, integrantes del cabildo y la ciudadanía.
Uno de los principales focos de conflicto se encuentra en la relación del presidente municipal con los presidentes de comunidad, quienes desde el mes de diciembre no han recibido los recursos que por ley les corresponden, incluyendo el gasto corriente necesario para la operación mínima de sus comunidades. Esta situación ha provocado no solo la paralización de actividades locales, sino también un clima de inconformidad permanente ante lo que califican como una falta de respeto institucional y abandono administrativo.
A este escenario se suma el quiebre político al interior del cabildo. De acuerdo con versiones internas, el alcalde mantiene una relación tensa con la mayoría de los regidores, al punto de que solo dos de ellos respaldan su gestión, mientras el resto cuestiona la falta de transparencia, la ausencia de diálogo y la concentración de decisiones en el Ejecutivo municipal. Esta fractura ha impedido la construcción de acuerdos y ha estancado temas clave para el funcionamiento del gobierno local.
En materia de obra pública, el descontento ciudadano es evidente. Habitantes de distintas comunidades denuncian que numerosos proyectos permanecen inconclusos, sin avances claros ni información oficial sobre su reanudación o conclusión. Obras abandonadas, calles a medio intervenir y trabajos sin supervisión adecuada se han convertido en el reflejo de una administración que, a decir de la población, prometió desarrollo pero ha entregado incertidumbre.
El deterioro es aún más visible en la operación de la Dirección de Servicios Públicos Municipales, señalada como una de las áreas más cuestionadas del actual gobierno. El alumbrado público presenta fallas constantes, dejando calles y colonias en penumbras; la limpieza de espacios públicos es prácticamente inexistente, con parques, calles y áreas comunes en condiciones de abandono; y el servicio de recolección de basura es irregular, con rutas incompletas y horarios inconsistentes que generan acumulación de residuos y riesgos sanitarios.
Ciudadanos coinciden en que el municipio atraviesa un retroceso notable en comparación con la administración pasada, la cual, aseguran, mantenía una operación más eficiente y una atención constante a las necesidades básicas. Hoy, afirman, el municipio se percibe desatendido, sin rumbo claro y con una autoridad distante de los problemas cotidianos.
El descontento social ha comenzado a manifestarse no solo en comentarios y quejas, sino en llamados abiertos para que el presidente municipal rinda cuentas, regularice los pagos pendientes, reactive las obras inconclusas y, sobre todo, restablezca el diálogo con presidentes de comunidad y regidores, antes de que la crisis política y administrativa escale a un conflicto mayor.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con preocupación cómo el gobierno municipal se consume en conflictos internos, mientras los problemas urgentes siguen sin atenderse. La pregunta que hoy se repite en calles y comunidades es clara: ¿hasta cuándo seguirá el municipio pagando el costo de una administración marcada por la confrontación y la falta de resultados?











