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En Tlaxcala, hasta los muertos están haciendo cuentas.
El tradicional pan de muerto, ese símbolo de nostalgia y sabor que acompaña cada Día de Muertos, hoy se ha convertido en un lujo más que en una tradición. Los precios en panaderías locales ya rebasan los 45 pesos por pieza, y el humor popular no tarda en encontrar el sarcasmo: ni para regresar del más allá alcanza el presupuesto.
El cartón editorial de El Periódico de Tlaxcala, firmado por E. Flores / EPT, lo dice todo con una escena que mezcla humor y realidad. Dos calaveras conversan frente a una panadería: una sostiene una moneda y sentencia resignada:
“Con estos precios, mejor me quedo en el Mictlán.”
A su lado, la otra calavera, vestida con rebozo, lleva colgando tres etiquetas que son la verdadera causa del encarecimiento: “Inflación”, “Costos de importación” e “Impuestos”.
No son fantasmas inventados: son los mismos que encarecen la harina, la mantequilla y el huevo, los que cada día golpean los bolsillos de panaderos y consumidores por igual.
El mensaje es claro: detrás del alza en el pan de muerto está la realidad económica de un país donde la inflación alimentaria no da tregua. Cada ingrediente importado, cada litro de combustible, cada impuesto, termina inflándose como el horno que hornea la tradición.
Y mientras el pan sube, el salario se mantiene plano… o en muchos casos, se pulveriza.
La sátira tlaxcalteca se vuelve espejo: lo que debería ser una celebración de identidad y cultura se transforma en un recordatorio del costo de vivir —y de morir— en tiempos de crisis.
La risa se mezcla con la frustración, y la frase del título cobra todo su sentido:
“Hasta la muerte sale cara.”
Entre humor y denuncia, la caricatura deja un sabor agridulce.
Porque sí, reímos al ver a las calaveras que no pueden pagar su pan, pero al fondo sabemos que la broma es muy real: en México, hasta las tradiciones tienen precio… y cada año, uno más alto.











